Lo que mal empieza mal acaba, resalta un dicho muy popular. Mannucci y UCV empezaron mal, uno recibiendo goles en demasía y el otro defendiendo a ultranza un contrato con un futbolista (Paolo Guerrero), que estaba claro no quería estar; todo ello desgasta, desgasta al técnico, al plantel y a los hinchas.
Todo eso llenó de dudas a cada uno de los planteles trujillanos que tardaron en darse cuenta de que ese mal inicio los podía llevar a un final de terror y horror que Trujillo lamenta.

Edward Alva Ramírez, periodista trujillano de GolPerú.
Tener un buen plantel no es tener un buen equipo, tener un técnico con un CV de alta trayectoria y que hable bonito no es característica vital para sacar adelante un plantel que necesitaba corazón por un lado y retomar la confianza por otro; el buen presupuesto te sirve para contratar una buena hoja de vida, pero no es necesario para tener un buen líder, sangre y corazón.
Nos cansamos por momentos de espectar una lucha interna sobre quien era más grande o sobre quien genera más sentimiento; mientras esta duraba los rivales directos con menos, superaban la tabla que si era importante. Al final, todo por lo que enfocaba sus esfuerzos no sirvió, el fútbol resuelve en el campo no en otro lugar.
«Salomón no merece esa desilusión, sigo creyendo en la justicia divina que algún día le dará el premio a tanta lucha y sacrificio en su vida por el deporte que tanto ama»
El final poeta fue deprimente, dio la sensación de ya no poder luchar fechas atrás. El carlista, por su parte, ilusionó y estuvo a dos minutos de lograrlo pero otra vez en el final, en la última, lo perdió todo. Y dejó la imagen más dolorosa del año, la de un querido Salomón Paredes siendo más ser humano que nunca, por que nunca lo vi así, llorar; llorar como un niño al que le quitaron la ilusión más grande del mundo.
Y Salomón no merece esa desilusión, sigo creyendo en la justicia divina que algún día le dará el premio a tanta lucha y sacrificio en su vida por el deporte que tanto ama.
Richard Acuña y Raúl Lozano deben seguir como capitanes de barco, ellos devolvieron desde sus naves la competitividad y respeto por el fútbol trujillano. Sigo creyendo que son más sus aciertos qué errores, sé de su bronca en este momento y el amor por sus instituciones, y por querer siempre lo mejor. No es momento de dividir, es momento de exigirles su mejor y mayor esfuerzo por que la vuelta esté cerca. Si se fueron dos trujillanos, que vuelvan los dos de la mano y reivindiquen sus esfuerzos del que hoy se requiere con urgencia.


