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Lo urgente no deja tiempo para lo importante, por Carlos Talledo Manrique

La pregunta es, lo urgente, ¿para quién?

Hoy, al ver el trascurrir de nuestra realidad política y nacional, recordé esta famosa frase de Mafalda. La verdad que encierra esta máxima es incuestionable, no sólo en nuestra vida personal o familiar, sino, sobre todo, en la vida política de nuestro país.

Desde mi última publicación hasta hoy han pasado varios acontecimientos en los cuales, una vez más, se han visto involucrados el Poder Ejecutivo, el Legislativo y el Judicial, acusaciones mutuas, posible comisión de delitos por parte de nuestra presidenta, ambiciones de poder, mentiras o medias verdades, entre tantas cosas más. Cada quien tenía una posición u opinión diferente, con o sin fundamento, pero todas completamente respetables. Escribir sobre ello resulta redundante y hasta agobiante.

Lo urgente, ¿para quién?

Por ello, la finalidad de este análisis es demostrar, como estos eternos problemas o conflictos políticos, no solo afectan la marcha del país o su recuperación, sino, dejan de lado lo importante para resolver lo urgente. La pregunta es, lo urgente para quién.

Cuando nuestra pseudo clase política se enfrasca en sus continuos enfrentamientos, por cualquier tema; por ejemplo, iniciativas legislativas absurdas, populistas y/o inconstitucionales presentadas por cualquiera de los poderes del Estado, acusaciones de corrupción, interpretaciones erróneas de hechos, ambiciones personales, planes electoreros o cálculos políticos, gastan sus esfuerzos y tiempo en resolver esta contingencia, dejando de lado la real labor para lo que fueron elegidos o designados; siendo sus propios intereses los que están de por medio, no los del país, se esmeran por resolverlo de manera inmediata, pero, esto tiene una consecuencia lógica: todo lo demás debe esperar, todo lo que sea importante para los 33 millones de peruanos.

A veces lo urgente también es importante, por supuesto, pero reitero la pregunta: ¿urgente o importante para quién? Estos conflictos políticos que, dicho sea de paso, ya nos tienen bastante aburridos y decepcionados, solo le interesan resolver a los que se ven involucrados, los demás debemos seguir trabajando desde el puesto que nos corresponde, sea desde el sector público o privado, con los riesgos y consecuencia que ello conlleva.

Proyectos relegados

Otra consecuencia palpable de ello, es el entrampamiento de los proyectos necesarios para el desarrollo y recuperación de nuestra economía y bienestar social en los mandos medios o burocráticos, que pierden el impulso necesario cuando nuestras autoridades se dedican a resolver las contingencias que se le presentan día a día y por diversos temas como ya hemos indicado, y dependemos de funcionarios públicos enquistados en sus puestos sin la mayor motivación o necesidad de viabilizar las diversas solicitudes, lo cual, por supuesto, puede devenir también en actos de corrupción. A esto se le denomina: La dictadura de los mandos medios.

Este problema puede visualizarse en el ámbito nacional, regional, provincial, distrital, económico, social, cultural, laboral, etc. Los únicos perjudicados somos la población en general y se responsabiliza de ello al sistema, la democracia, la Constitución, la política, el clima, etc, pero nunca se enfoca el problema desde su verdadera raíz. Este tema lo desarrollaremos en nuestro siguiente artículo. 

Una solución lógica a este problema es establecer lineamientos generales y básicos, en principio, desarrollar los detalles en función de estos lineamientos básicos, y plasmarlos como políticas de Estado, sin importar quién sea el gobernante de turno.

Atender la inseguridad es importante

Hay temas de importancia inconmensurable; como, por ejemplo: seguridad y lucha contra la delincuencia, las extorsiones, el sicariato, aspectos en los que debemos estar unidos y enfrentarlos sin temor, tomando las decisiones que sean necesarias para derrotar a este flagelo; Infraestructura en Salud y aumento de presupuesto en dicho sector, Infraestructura educativa – mejoramiento de la educación pública y de la currícula escolar, lo que conlleva a un aumento del presupuesto educativo, pero sin mellar la economía nacional.

Infraestructura básica nacional, regional, provincial y distrital, esto implica una mejor distribución del presupuesto nacional y un seguimiento del gasto; así como, la asesoría para sacar adelante proyectos de envergadura, fortalecimiento de los órganos reguladores y de protección al consumidor para sancionar los abusos de mercado por parte del sector privado, en fin, entre otros temas de importancia.

Todo lo indicado requiere de un análisis previo, escuchando a los mejores en cada campo, voluntad y decisión política, y absoluto respeto en las decisiones tomadas, lo cual, es absolutamente viable en un estado democrático y en bienestar de nuestra sociedad. Con el tiempo, por supuesto, todo es revisable y mejorable, teniendo como meta al país.

Llevar por cuerdas separadas lo urgente de lo importante ayudaría mucho en reconstruir nuestra fragmentada sociedad e impulsar nuestra economía para subvencionar las obras importantes y así sucesivamente hasta lograr, poco a poco, un real crecimiento y desarrollo de nuestra nación, habiendo ya superado los doscientos años de nuestra independencia.

Por Carlos Talledo Manrique

Abogado constitucionalista

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