La región La Libertad se enfrenta a un escenario de riesgo significativo de cara a la temporada de lluvias proyectada entre enero y marzo de 2026.
Según un cruce de datos del Centro Nacional de Estimación, Prevención y Reducción del Riesgo de Desastres (Cenepred) analizado por ComexPerú, un total de 77 829 viviendas se encuentran en zonas de alto peligro.
El desglose es alarmante: 51 507 hogares están ubicados en áreas con riesgo elevado de movimientos de masa (huaicos y deslizamientos), mientras que 26 322 viviendas están expuestas a inundaciones.
Traducido a impacto humano, estas cifras significan que aproximadamente 137 346 personas podrían verse afectadas por movimientos de masa y 89 456 por inundaciones.
“Aunque no se anticipan condiciones climáticas extraordinarias, la magnitud de viviendas y personas en riesgo en regiones como La Libertad confirma la necesidad de mantener una planificación rigurosa y de reforzar las medidas de reducción de vulnerabilidad”, precisó Daniel Najarro, analista senior de estudios económicos de ComexPerú.
Presupuesto: alta ejecución, poca prevención
Frente a esta exposición, el análisis de ComexPerú revela cómo se manejaron los recursos destinados a gestionar estos riesgos durante 2025. La Libertad contó con un presupuesto de S/ 34 millones para el Programa Presupuestal 0068 Reducción de la vulnerabilidad y atención de emergencias por desastres.
La ejecución fue alta, alcanzando el 89.5 % (S/ 30.4 millones). Sin embargo, la distribución de estos fondos genera interrogantes sobre la estrategia de prevención. La mayor parte (87.4 %) fue gestionada por el Gobierno Regional y los gobiernos locales, quienes ejecutaron el 88.8 % de sus recursos.

El dato crucial está en el destino final del gasto: del total ejecutado por los gobiernos subnacionales, solo el 11.4 % (unos S/ 3 millones) se invirtió directamente en obras de prevención.
El resto, la abrumadora mayoría, se destinó a gasto corriente vinculado a la gestión y atención de emergencias, es decir, a acciones mayormente reactivas una vez ocurrido el desastre.
Lluvias: un llamado a reorientar la estrategia
El informe pinta un panorama dual: por un lado, una vulnerabilidad estructural masiva identificada con precisión técnica; por otro, un modelo de gasto que prioriza la respuesta sobre la prevención.
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Esta discrepancia entre el riesgo mapeado y la asignación de recursos para mitigarlo de raíz representa un desafío crítico para las autoridades regionales y locales, quienes tienen la responsabilidad directa de proteger a una población que habita en territorios de alta peligrosidad. La temporada de lluvias 2026 se convierte así en una prueba de fuego para la eficacia de la gestión del riesgo de desastres en la región.


