InicioFruta fresca¿Las jóvenes ya no quieren ser madres?: descubre qué piensan las mujeres...

¿Las jóvenes ya no quieren ser madres?: descubre qué piensan las mujeres actualmente

En el Día de la madre, Buena Pepa encuestó a un grupo de jóvenes entre 20 a 30 años para conocer sus opiniones sobre la decisión de ser madres. ¡Acompáñame a descubrir porque la mayoría no consideró un rol maternal en su vida!

El tributo a la maternidad también se manifiesta al rehuir de ella: por temor a repetir un ciclo rancio y amargo y, en algunos casos, por objetivos más allá de la reproducción de la especie humana que involucran la superación personal y el cuidado extremo de la estética personal (ser madre también el sufrimiento del cuerpo).

A continuación, BuenaPepa aborda la perspectiva de las jóvenes para desarrollar esta realidad desde la estadística, la madre de la objetividad.

Ser madre o no

De las 20 personas encuestadas, 8 expresaron que sí desean ser madres en algún momento de su vida, lo que representa el 40 %. Estas respuestas resaltan la predilección hacia la maternidad como la ilusión de formar una familia, experimentar el amor de pareja y acompañar a un hijo en su desarrollo.

Por otro lado, 12 participantes —el 60 %— indicaron que no desean ser madres o no lo consideran una prioridad actualmente. Esta mayoría refleja una tendencia clara de postergar o rechazar la maternidad en esta etapa de la vida, lo que puede asociarse a cambios generacionales en cuanto a prioridades y proyectos personales.

Entre quienes dijeron “sí”, algunas lo expresaron con firmeza y emoción, mencionando razones afectivas como la conexión única con los hijos, el deseo de formar una familia o el afecto incondicional que conocen por sus mascotas. Este hecho indica que la dimensión emocional es clave en quienes sí se proyectan como madres.

Sin embargo, incluso entre quienes dijeron que sí, algunas condicionaron ese deseo a circunstancias futuras, como encontrar a la pareja ideal o alcanzar estabilidad económica. Esto revela que el deseo de maternidad está mediado por factores externos, no solo por una convicción interna.

Dentro del grupo que respondió negativamente, muchas opiniones se centraron en la necesidad de priorizar su desarrollo personal y profesional. Varias encuestadas manifestaron que sus metas académicas, laborales o personales son, por ahora, más importantes que la maternidad.

Otros argumentos en contra de la maternidad incluyeron el miedo al embarazo, la falta de preparación emocional o la ausencia de deseo por tener hijos. Estas respuestas no aluden a factores materiales, sino a convicciones personales o inseguridades emocionales.

También hubo respuestas con un enfoque más crítico hacia la idea de traer hijos al mundo. Una persona señaló no querer tener hijos en un mundo “cruel” y cuestionó la idea de formar a otro ser humano en una sociedad en constante cambio. Este argumento apunta a una reflexión ética y humana.

Algunas respuestas combinan pareceres. Por ejemplo: una persona dijo que no tiene como meta ser madre, pero no descarta la posibilidad si logra una buena situación económica. Este tipo de posturas intermedias revelan que la decisión no siempre es definitiva, sino abierta al cambio de las circunstancias personales.

Un porcentaje significativo considera que se necesita estabilidad económica y emocional para ser madre.

Es importante notar que ninguna de las personas encuestadas expresó presiones externas para ser madre, como familiares o culturales.

Los resultados muestran que, aunque una parte significativa sí desea ser madre, la mayoría prioriza su crecimiento personal o rechaza la maternidad por razones existenciales.

¿Qué es la maternidad?

Por otra parte, también se le preguntó sobre el concepto que tienen de la maternidad en el 2025.

De las 20 respuestas recogidas, el 35 % las define principalmente como un gran reto que implica desgaste físico, mental y dedicación constante y que señala aspectos como la crianza con paciencia y amor, la necesidad de “servir tu vida a alguien más” y enfrentar “altos y bajos” en el proceso.

Un 20 % enfatiza que la maternidad dejó de verse como una obligación y ahora es una elección personal, donde primero se busca crecimiento individual (estudios, carrera, autoconocimiento) y, sólo si se decide con “ganas y no por presión”, se asume el rol de madre.

El 10 % de las encuestadas vincula la maternidad con la solvencia económica y manifiesta que sin estabilidad financiera no es viable “traer un ser humano a este mundo” o que “muy pocos logran” reunir los recursos necesarios para ofrecer calidad de vida A1.

Un 15 % de las opiniones resalta la dimensión afectiva y de crecimiento personal: hablan del “amor único” hacia los hijos, de cómo la maternidad “ayuda a madurar” y de la importancia de educar con compasión, firmeza y fuera de estructuras rígidas.

El 10 % adopta una postura claramente negativa o de rechazo y afirmó que no es para ellas: “no podría y no es para mí” o que se puede ser feliz sin ser madre, pues la maternidad ya no debería considerarse “vital o central” en la vida de una mujer.

Otro 10 % aborda la maternidad desde un prisma social: mencionan la preferencia por la maternidad en solitario ante la falta de apoyo de las parejas y destacan a las madres como “mujeres luchadoras” que compatibilizan trabajo y cuidado de los hijos.

Al comparar las visiones de responsabilidad versus elección, se observa que quienes hablan de reto y desgaste (35 %) subrayan factores intrínsecos de esfuerzo, mientras que quienes la consideran elección (20 %) se centran en factores de autonomía y empoderamiento personal.

En el cruce entre economía y preparación mental, las voces que abogan por estabilidad financiera (10 %) y las que piden un “momento mentalmente adecuado” (incluida en el grupo de responsabilidad) muestran que ambas dimensiones —material y psicológica— son vistas como condiciones previas imprescindibles.

Los hallazgos apuntan a una generación que problematiza la maternidad. Ya no la asume naturalmente, sino que la calcula entre responsabilidad, elección, recursos económicos y preparación emocional, lo que refleja un concepto más autónomo que en generaciones previas.

Por: Johan Fiestas Chunga.