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Ladridos humanos: la salud mental y la violencia contra animales en Trujillo

Cuatro casos de crueldad contra perros callejeros y mascotas exponen un problema psicológico en los agresores; además de vacíos legales que no permiten dar solución. "Estamos muy agresivos y reflejamos nuestras incomodidades en seres indefensos para desahogar nuestras frustraciones”, resalta un experto.

En Trujillo, la brutalidad contra los animales alcanzó niveles nunca vistos: la perrita Bianca, asesinada a golpes contra el pavimento por un iracundo sujeto; un perrito callejero, a ladrillazos; mientras que, en el distrito La Esperanza, un mascota fue apuñalada por el vecino de su dueña.

Estos casos dan luces que de los agresores son la manifestación de un problema social y de salud pública. Buena Pepa te presenta el perfil psicológico y emocional del maltratador, en un contexto donde la violencia parece reflejar heridas humanas más profundas.

El perfil del maltratador

El maltrato animal en Trujillo no es un fenómeno nuevo, pero los casos recientes han puesto bajo la lupa las motivaciones detrás de estos actos. Desde la psicología, el perfil del maltratador se dibuja con rasgos claros: impulsividad, falta de empatía y una incapacidad para gestionar emociones.

Los maltratadores suelen tener una empatía disfuncional: Entienden el sufrimiento ajeno, pero no se sienten afectados por él”, explica el psicólogo Gerardo Cabos.

Esta desconexión emocional, según Cabos, a menudo tiene raíces en experiencias de abuso o negligencia en la infancia, lo que genera una necesidad de control que se manifiesta en violencia hacia seres vulnerables. En el caso de Bianca, la discusión previa del agreso Lozano Daza, con su pareja, sugiere que la perrita fue un blanco fácil para descargar su ira, un patrón que el experto identifica como común.

“Estas personas no tienen estrategias para regular su frustración o su estrés, y actúan de manera impulsiva”, detalló.

La violencia contra los animales es un reflejo de la precariedad de la salud mental del agresor.

Estudios internacionales respaldan esta conexión: un análisis publicado en el Journal of the American Academy of Psychiatry and the Law, en 2002, encontró que las personas que maltratan animales – a menudo – presentan rasgos de personalidad antisocial, una condición que puede derivar en conductas sádicas más graves si se manifiesta desde la niñez.

En el siguiente podcast, a la entrevista completa a Gerardo Cabos.

En Trujillo, esta agresividad no es solo un problema individual, sino un reflejo de dinámicas sociales más amplias. Fernando Armas, médico veterinario del Hospital Veterinario ARHEN, apunta a una sociedad donde la violencia se normalizó:

Armas, quien atendió casos extremos (como el de un perrito que, en 2015, murió tras ser blanco de disparos con escopeta de balines), ve en estos actos una falta de empatía que trasciende al agresor y se arraiga en el entorno.

Estamos muy agresivos y reflejamos nuestras incomodidades en seres indefensos para desahogar nuestras frustraciones”, resaltó.

Bozales sociales y legales

En 2024, el Ministerio del Interior reportó 386 denuncias por maltrato animal. Sin embargo, más allá del perfil del agresor, este fenómeno revela un problema psicológico y social muy serio en Trujillo.

Fernando Armas, quien además es activista animalista con más de dos décadas de intervenciones en la ciudad, describe este fenómeno como un “desorden psicológico-social”:

“Hay personas que se desahogan, como este individuo que mató a Bianca, pero también hay quienes lo castigan para liberar sus propios conflictos emocionales”, afirmó.

Esta reacción colectiva sugiere que la agresividad no es solo un problema del maltratador, sino un síntoma de una sociedad que lucha por canalizar sus emociones. En este contexto, las leyes peruanas buscan frenar la violencia, pero enfrentan obstáculos.

La Ley 30407, Ley de Protección Animal, vigente desde 2016, tipifica el maltrato animal como delito que se castiga hasta tres años de prisión por actos de crueldad, y de tres a cinco años si el animal muere; además de multas de 100 a 360 días y la inhabilitación para tener mascotas.

Asimismo, la Ley 31807, promulgada en 2023, refuerza esta protección al promover la identificación de animales de compañía para fomentar una tenencia responsable. Sin embargo, la aplicación de estas normas es limitada: en Trujillo, aunque se sancionaron entre 10 y 12 casos de maltrato gracias a la Ley 30407, la falta de conciencia entre algunas autoridades y la archivación masiva de denuncias dificultan el acceso y sentido de justicia.

«Los animales son fieles a su naturaleza; nosotros la traicionamos»

En el caso de la agresión que se registró en La Esperanza, el último miércoles, 11 de junio, BuenaPepa accedió al acta de intervención policial que recoge los detalles de la agresión contra un perro de raza Bulldog Ingles: el agresor lo apuñaló tres veces.

Agentes policiales de comisaría de Bellavista llegaron hasta su casa, ubicada en el pasaje Santiago Mariños, y se entrevistó con su madre; sin embargo, no lo detuvieron pese a encontrarse en flagrancia.

Ladridos: esfuerzos para prevenir la violencia

La solución al maltrato animal en Trujillo requiere más que solo leyes: se necesita un cambio profundo en la forma en que la sociedad gestiona sus emociones.

Gerardo Cabos sugiere intervenciones psicológicas como el mindfulness ( observar conscientemente los pensamientos, sentimientos y sensaciones tal como son, sin reaccionar a ellos) y técnicas de relajación para ayudar a las personas a controlar su impulsividad y regular sus emociones antes de actuar:

“Estas estrategias permiten pensar antes de reaccionar”, dice.

Sin embargo, estas iniciativas son escasas en la región La Libertad. La falta de programas de educación emocional deja a muchas personas sin herramientas para manejar su ira. Armas, por su parte, insiste en la importancia de usar la ley para combatir el maltrato, en lugar de recurrir a la violencia.

“Debemos informarnos y actuar dentro del marco legal, no tomar la justicia por nuestras manos”, afirmó.

Solo se hizo justicia en el caso del perro que fue asesinado a ladrillazos. El asesino está en la cárcel.

A nivel institucional, la Municipalidad de Trujillo intentó responder a la presión ciudadana, como en el caso de Bianca, pero la desconfianza hacia las autoridades persiste. Usuarios en redes sociales expresan su frustración y califican a los agresores como “demonios” y exigen que no se les otorgue impunidad.

Un cuarto caso despertó la indignación de los vecinos de la urbanización San Isidro: el conductor de una camioneta atropelló a un perro porque este se recostó en la pista y le impedía continuar. Los testigos solo observaron como el desalmado hombre se daba a la fuga; mientras el animal gritaba de dolor, en una vereda.

Estos casos de violencia son un recordatorio doloroso de las heridas emocionales que aquejan a los individuos, en una ciudad donde la ira y la falta de empatía convierten a los animales en víctimas de la violencia ambulante.

Mientras las leyes como la 30407 y la 31807 dicten el molde y medida para imponer justicia contra la violencia hacia los animales, la solución real pasa por sanar a una sociedad que aún no sabe cómo manejar sus frustraciones.

Por Sebastian Julian.

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