En un movimiento que enciende alarmas en todo el mundo, el Gabinete de Seguridad de Israel aprobó el controvertido plan del primer ministro Benjamin Netanyahu para tomar el control militar de la Ciudad de Gaza, una urbe densamente poblada donde reside cerca de un millón de personas, la mitad de la población del enclave palestino. La orden esté en marcha.
Este anuncio, que llega tras 22 meses de intensos bombardeos israelíes en la Franja de Gaza, ha desatado una ola de críticas internacionales, protestas internas y un renovado temor por una crisis humanitaria que ya se encuentra al borde del colapso: según Unicef, «cada 20 minutos, un niño muere o es herido en Gaza».
La Ciudad de Gaza, un mosaico de edificios en ruinas y calles llenas de escombros, es el epicentro de un conflicto que se remonta décadas, pero que se intensificó dramáticamente el 7 de octubre de 2023, cuando Hamas, calificado como grupo terrorista por la Unión Europea y Estados Unidos, lanzó un ataque sorpresa contra Israel, dejando más de 1,200 muertos y secuestrando a 250 personas.
Desde entonces, la respuesta militar israelí ha devastado Gaza, con más de 60,000 víctimas fatales según las autoridades locales, y ha sumido al enclave en una crisis humanitaria marcada por el hambre, la desnutrición y la falta de refugio.
El plan de Netanyahu, que incluye evacuar a la población de la Ciudad de Gaza hacia el sur antes del 7 de octubre de 2025 y establecer un «perímetro de seguridad» con un gobierno de transición árabe, ha sido recibido con rechazo tanto dentro como fuera de Israel. Las familias de los 50 rehenes aún retenidos por Hamás denunciaron la “imprudencia” del gobierno, advirtiendo que esta escalada pone en riesgo la vida de sus seres queridos.

En Tel Aviv, una ciudad de Israel, nueve manifestantes fueron detenidos el jueves tras protestas que incluyeron quema de neumáticos y enfrentamientos con la policía, reflejando la creciente tensión interna.
A nivel internacional, la condena ha sido contundente. La ONU, a través de su Alto Comisionado para los Derechos Humanos, Volker Türk exigió detener de inmediato el plan, alertando sobre “desplazamientos masivos, más muertes y sufrimiento insoportable”.
El canciller alemán Friedrich Merz tomó una decisión histórica al suspender la exportación de armas a Israel que puedan usarse en Gaza, una medida criticada por la Sociedad Germano-Israelí como un “triunfo” para la propaganda de Hamás. Por su parte, la presidenta de la Comisión Europea, Ursula Von der Leyen instó a Israel a reconsiderar, subrayando la necesidad de un alto el fuego y la liberación de los rehenes.
En la región, el presidente de la Autoridad Palestina, Mahmud Abás, propuso que el Estado de Palestina asuma la seguridad de Gaza con apoyo árabe e internacional, una idea rechazada por Israel, que descarta tanto a Hamás como a la Autoridad Palestina para gobernar el enclave.

Mientras tanto, Hamás advirtió que la ofensiva significará “sacrificar” a los rehenes y calificó el plan como un “crimen de guerra”, acusando a Netanyahu de sabotear negociaciones previas que estuvieron a punto de lograr un alto el fuego.
Con Gaza al borde del abismo, la comunidad internacional clama por una solución que detenga la violencia. Líderes como el ministro español José Manuel Albares abogan por un alto el fuego permanente, la entrada masiva de ayuda humanitaria y una solución de dos Estados que garantice una paz duradera.
Sin embargo, mientras las bombas siguen cayendo y las familias de los rehenes alzan su voz, la pregunta sigue en el aire: ¿podrá la diplomacia frenar esta nueva escalada antes de que sea demasiado tarde?
Por Lucero Pérez Portales


