InicioFruta frescaLa Libertad: politiquería y tragedia tomados de la mano

La Libertad: politiquería y tragedia tomados de la mano

La desgracia en el centro comercial Real Plaza tiene entre sus sombras el aprovechamiento político de dos rivales que se pintan de héroes y se acusan de villanos: César Acuña y Arturo Fernández. "No es muy ético el aprovechamiento de este tipo de tragedias con la finalidad de ganar réditos políticos", explica experto en publicidad y marketing.

Bajo un cielo nublado y triste, una vendedora de helados de nacionalidad extranjera reparte barquillos con una bola de crema sabor chocochip. Los comensales no son los eventuales niños ilusionados con saborear este manjar o los mortales afectados por el calor del verano; son los deudos de las víctimas de la tragedia en el Real Plaza de Trujillo.

La escena tiene lugar en el ingreso lateral a la tienda de Promart. En la berma, a centímetros de un canal de riego, un grupo de mujeres vestidas de negro lloran desconsoladas al confirmar, de manos de representantes del Ministerio de Justicia, que sus seres queridos – el suboficial de la Policía Jhon Chávez Valeriano, su esposa y su hija – están entre los fallecidos.

La vendedora de helados se acerca a ellas, con pasos lentos y mi mirada gélida.

– Sírvanse un helado, por favor – Dice con voz entrecortada y compasiva.

En esa pausa dulce al dolor de la muerte, deudos, rescatistas, curiosos y periodistas comieron helado.

– Es gratis, no preocupen. Por favor, sírvanse – Repite constantemente.

Los compañeros de la mujer la observan milimétricamente mientras abre el cooler y sirve helado.

“No sé cuantos helados he repartido. Solo quiero ayudar, no importa que pierda hoy. Ellos (los deudos) han perdido más que yo”, me dice mientras me ofrece un helado.

– ¿Cuál es tu nombre?

– Eso no importa – responde.

– ¿Puedo tomarte una fotografía o grabar un video para mi crónica?

– Eso tampoco importa. Yo quiero ayudar, ayudar de corazón.

Es casi mediodía del sábado 22 de febrero. Han pasado dos horas desde que la mujer empezó a repartir helado gratis. Sin decir nada, sube a su triciclo y se marcha. Mira hacia atrás: observa a los dolientes, mira al suelo, con los puños se seca las lágrimas de sus ojos marrones. Diez metros más adelante entra a una curva, fija su mirada al frente – en la avenida prolongación Fátima – y desaparece. Nadie supo su nombre.

La canción Don’t Worry Be Happy, de Bob Marley, que salía desde el parlante de su triciclo, era un extraño mensaje de consuelo.

Here’s a little song I wrote, you might want to sing it note for note. Don’t worry, be happy. In every life we have some trouble, but when you worry, you make it double. Don’t worry, be happy – Aquí hay una pequeña canción que escribí, es posible que desees cantarla nota por nota. No te preocupes, sé feliz. En cada vida tenemos algunos problemas, pero cuando te preocupas, lo haces doble. No te preocupes, sé feliz.

Tragedia y réditos políticos

“La política es el arte de servirse de los hombres haciéndoles creer que se les sirve a ellos”, mencionó una vez el escritor y periodista francés Louis Dumur.

La mujer heladera es un crudo contraste entre quienes actuaron con humanidad (en el anonimato) y quienes vieron la ocasión perfecta para desarrollar un pésimo marketing político: con nombre, apellido y filiación política.

“Hemos trabajado toda la madrugada atendiendo la emergencia en el Real Plaza”, posteó en su cuenta personal de Facebook el gobernador de La Libertad, César Acuña Peralta.

La misma retórica se replica en la cuenta del Gobierno Regional de La Libertad. Decenas de fotografías en donde la autoridad aparece con gestos de líder. No pierde el detalle de informar que ayuda y sin reparos.

Al lugar de la tragedia sólo podían acceder bomberos, policías y militares con habilidades para apoyar en las labores de rescate. También se permitió el paso de autoridades que representaban a instituciones relacionadas al tema como: el Ministerio Público, la Municipalidad Provincial de Trujillo y la Defensoría del Pueblo. El acceso a la prensa fue restringido.

Sin embargo, César Acuña ingresó con todo el equipo de la gerencia de comunicaciones. Desde el lugar de la tragedia, se hizo una transmisión en vivo en donde se mostraba al líder de Alianza Para el Progreso supervisando las labores de rescate. En una segunda ocasión, en compañía de los ministros de Estado de las carteras de Defensa, Desarrollo e Inclusión Social, y Salud.

La historia se repitió el domingo, desde el lugar de la tragedia bajo el concepto de “Reporte situacional”. El dueño de la palabra siempre era César Acuña. Según la ocasión, gerentes del gobierno regional.  

Si bien las fuentes oficiales sirven para contrastar la información, la figura de Acuña no se despegó del speech que vinculaba su gestión con la eficiencia de las labores de rescate.

Parece que al gobernador le quedó que claro que hacer campaña disfrazada de solidaridad es un éxito garantizado, pero ¿A costa del dolor? La gestión de Acuña no es conocida por promover la seguridad, en todos los niveles, en los centros comerciales de la región.

¿Acaso debemos aplaudir a un cajero automático porque expende dinero? No, esa es su función.

Sin necesidad de exposición mediática, César Acuña, por un principio ciudadano e institucional, debió hacer lo que hizo sin poner por delante que todas las coordinaciones, incluso con el gobierno central, fueron un reflejo del rostro humano de su gestión. «Este pechito», suele decir.

Otra “víctima” colateral

El prófugo exalcalde de Trujillo, Arturo Fernández, también aprovechó la tragedia para victimizarse. Pese a que su vacancia es efecto de las sentencias condenatorias por el delito de difamación contra una mujer policía y un arqueólogo, aseguró que el poder político y económico lo sacó del sillón municipal porque clausuró el centro comercial Real Plaza.

Es cierto, en enero de 2024, su gestión clausuró el mencionado centro comercial, pero por fallas en el sistema eléctrico y no por deficiencias estructurales. Una semana después, su gerente Eduardo Liu, anunció la apertura porque se levantaron las observaciones.

En plena incertidumbre, sus seguidores – en un histrionismo de indignación ciudadana – se infiltraron entre los familiares de las víctimas mortales que esperaban noticias de las labores de rescate; sin embargo, su intención fue advertida y desaprobada por los deudos del agente policial.

En el siguiente podcast, la confrontación.

– Nos hicieron creer que estaba loco.

– Con mi familia no se metan.

Mas tarde, altavoces en mano, un grupo significativo de escuderos de Fernández lanzaban arengas con la máxima de siempre: “APP nunca más”.

Está claro que la actual gestión de la Municipalidad Provincial de Trujillo con acercamiento político a Alianza Para el Progreso – el alcalde, Mario Reyna, apareció al lado de Acuña en varias transmisiones desde el Real Plaza – tiene mucha responsabilidad en la tragedia y deberá responder ante la justicia; sin embargo, politizar el dolor ajeno es ruin.

Así como César Acuña, desde la clandestinidad, Arturo Fernández es constante en transmisiones en vivo por Facebook, en donde se presenta como el héroe incomprendido que advirtió la desgracia. Sus seguidores refuerzan la idea y lapidan con insultos a quienes piensan diferente: como ocurrió en la marcha contra la administración del Real Plaza, desarrollada la tarde del lunes 24 de febrero.

Una de sus víctima fue la activista social Susan León, quien fue agredida por pedirles que no politicen la protesta que buscaba garantizar el sentido de justicia para las víctimas.

La voz de los expertos

«Clarísimo han politizado esta situación creada en el Real Plaza sobre los restos y las penas de los deudos y eso es verdaderamente lamentable– habido un aprovechamiento político a todas luces (…) No podemos traficar con el dolor de la gente y tenemos que reforzar los valores que son escasos en la educación escolar y aun universitaria. Esto es una demostración de que malos políticos han lucrado con el dolor«, reflexiona el analista político y docente universitario Ivan La Riva.

«No es muy ético el aprovechamiento de este tipo de tragedias con la finalidad de ganar réditos políticos, pero eso no quiere decir que las autoridades políticas no se pronuncien ante ese tipo de situaciones. Lo que se debe procurar es moderar su protagonismo para no caer en el figuretismo«, explica el experto en publicidad y marketing, y docente universitario, Alfieri Díaz.

«En el caso del ex alcalde, si bien es cierto clausuró el Real Plaza por problemas de instalaciones eléctricas, no hizo ninguna observación sobre el mantenimiento de infraestructura, así que se puede percibir cierto protagonismo ante la tragedia«, concluye Díaz.

“Dado que la tragedia es también en sí misma –en su forma– una idea que ha demostrado ser particularmente fértil para abonar e interpelar el suelo de la política, llenando de metáforas y de movimientos miméticos a la teoría y la acción política, podemos observar cómo a lo largo de la historia diversos autores se han servido de ella para diagnosticar y pronosticar políticamente», explica Camila Arbuet Osuna, doctora en Ciencias Sociales y Humanas, en su artículo “La tragedia como idea política”.

Considera además que «por ende, debemos comprender que ante ese momento de duda e indecisión, en el que el héroe trágico es obligado a decidir –es decir, a inmolarse– para que su sistema social viva arrasando el del otro, la concepción del vínculo entre tragedia y política puede dispararse en dos direcciones opuestas”.

Por su parte, Enrique Herreras, en su artículo “La tragedia y los orígenes del teatro político”, sostiene que “las democracias precisan de razones, pero también de mitos democráticos que se contrapongan a otros muchos, no democráticos, que perviven en su seno. Éstos son básicos para el desarrollo de una conciencia personal y social. Las tragedias, en el sentido metafórico pueden comportarse como mitos democráticos”,

También reflexiona que “si las guerras existen entre personas que, a priori, no tienen ningún deseo de matarse, es porque una mitología ha irrumpido en la razón. Los valores y contravalores muchas veces llegan de los mitos, de ahí la importancia del inmenso depósito mitológico que constituye muchas veces nuestra identidad. Llegados a este punto, es hora de extraer la riqueza mítica de las tragedias, a partir de algunos ejemplos bien reveladores como la Ley del Talión”.