A las 13:20 horas del martes 28 de julio de 2026, Keiko Sofía Fujimori Higuchi tomó la palabra en el hemiciclo del Congreso bicameral con la banda presidencial cruzando su vestido azul. Había firmado el pergamino. Había recibido la insignia del cargo de manos de Miguel Torres, presidente del Senado. Había escuchado el Himno Nacional.
Y ahora es presidenta del Perú, la primera mujer electa en serlo, la décima persona en ocupar ese cargo en los últimos diez años, y la hija de un hombre que gobernó durante una década y cumplió condena en prisión. Todo eso estaba en el aire del hemiciclo cuando ella dijo su primera frase: «Doy gracias a Dios y pongo en sus manos el trabajo que hoy comenzamos al servicio del Perú.»

El discurso duró 45 minutos. Una decisión que no fue casual, pues los mensajes de su predecesora, Dina Boluarte, duraron entre tres y cinco horas. El de 2024 se extendió más de cinco horas. Keiko Fujimori eligió la brevedad como primer gesto de estilo de gobierno.
Su discurso tuvo siete objetivos declarados y anuncios económicos concretos que sus asesores filtraron por anticipado a los mercados. El sol peruano no se inmutó.
La ceremonia: Felipe VI, Landau y el retiro de la oposición
La sesión solemne de transferencia de mando contó con una presencia internacional significativa. En los palcos del hemiciclo estuvieron el rey Felipe VI de España —cuya presencia marca un vínculo histórico que Fujimori cultivó durante la campaña—, Christopher Landau, vicesecretario de Estado de los Estados Unidos designado por el presidente Donald Trump, y varios jefes de Estado de la región.

La sombra de la oposición se proyectó antes de que Fujimori dijera su primera palabra. Momentos antes del inicio del mensaje, la bancada de Juntos por el Perú —el partido de Roberto Sánchez, a quien Fujimori derrotó en la segunda vuelta del 7 de junio— y varios integrantes del Grupo Parlamentario Ahora Nación abandonaron el hemiciclo entre arengas contra el nuevo mandato. El gesto repitió el protocolo del rechazo que el fujimorismo aplicó en 2021 ante Pedro Castillo. En política, los gestos se heredan.

Keiko Fujimori: «un país con potencial infinito pero trabado»
Antes de los anuncios, Fujimori trazó un diagnóstico. Dijo recibir «un Estado debilitado por la corrupción, donde las instituciones dejaron de servir a los ciudadanos» y denunció que «en muchos casos las instituciones cayeron en manos de intereses poco transparentes para obtener beneficios y privilegios a través de la contratación pública».
«Este es el país que recibimos hoy: un país con un potencial infinito pero trabado y fragmentado por la desconfianza, lo que ha causado una herida muy profunda en el tejido social», declaró.
Y luego, la imagen que definió el tono de su administración: «A partir de este momento se inicia un cronómetro irreversible. Nos esperan 1826 días de gestión en los que cada ministerio, cada región y cada funcionario público tendrá que trabajar intensamente, con metas medibles y rendición de cuentas constantes».
Mil ochocientos veintiséis días. Cinco años. Ni un día más, dijo. El Perú ha escuchado eso antes.
Los siete objetivos de gobierno
- Seguridad ciudadana y lucha contra el crimen organizado. Declarado frente de emergencia nacional. Solicitud de facultades delegadas al Congreso para legislar en esta materia.
- Reactivación económica, empleo y formalización. Salario mínimo, Pensión 65 duplicada, programa Jóvenes con Futuro y reactivación de PROMYPE en los primeros 100 días.
- Infraestructura social y productiva. Metro de Lima líneas 2 a 6, sistemas de metro en Arequipa, Piura y Trujillo, trenes de cercanías Lima–Ica y Lima–Barranca.
- Educación y salud de calidad. Reorganización de programas de agua, electricidad, telefonía e internet. Mejora de infraestructura educativa y de salud.
- Digitalización del Estado. Creación de la Autoridad Nacional Digital para simplificar trámites con respaldo de inteligencia artificial.
- Prevención y respuesta al Fenómeno El Niño. Declarado segundo frente de emergencia nacional. Solicitud de facultades delegadas para actuar mediante decretos.
- Reforma del sistema penitenciario. Reforma integral para impedir que las cárceles operen como «centros del crimen organizado». Sin detalles adicionales en el discurso.






El trayecto a pie de Keiko Fujimori
Concluido el mensaje, Keiko Fujimori abandonó el Congreso acompañada de toda su bancada de diputados y senadores y emprendió el trayecto a pie por el jirón Junín hacia Palacio de Gobierno. En el recorrido, los simpatizantes apostados a ambos lados de la calle corearon «¡Sí se pudo!» al paso de la comitiva. La frase tiene un peso particular: Fujimori perdió las segundas vueltas de 2011, 2016 y 2021. Ganó la de 2026. El «sí se pudo» no era solo para esta campaña.
La pregunta que el discurso no respondió
Lo que Fujimori dijo en 45 minutos fue suficiente para fijar agenda. Lo que no dijo también. No mencionó a su padre por nombre, aunque la sombra de Alberto Fujimori sobrevoló cada minuto de la ceremonia: el hemiciclo del Congreso donde ella juró es el mismo que su padre disolvió en 1992.

No habló de la deuda de su propia historia judicial —más de 500 días de detención preventiva por lavado de activos, un juicio archivado por el Tribunal Constitucional en enero de 2026— ni de cómo gestionará la inevitable tensión entre el fujimorismo y un país donde la mitad del electorado votó contra ella en junio.
El cronómetro de 1,826 días que ella misma activó es irreversible, como dijo. Lo que sí es reversible, y lo que la historia del Perú ha demostrado es la confianza que los peruanos depositan en sus presidentes. Keiko Fujimori lo sabe mejor que nadie, pues lo vio de cerca durante la infancia, lo sufrió en campaña durante quince años, y lo heredó junto con la banda presidencial este 28 de julio.
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