No sé ustedes, pero yo crecí escuchando a Juan Gabriel. Conozco casi todas sus canciones y recuerdo que, cada vez que salía un nuevo disco, íbamos a comprarlo. Años después de su estreno, descubrir su presentación en el Palacio de Bellas Artes de México fue, verdaderamente, espectacular.
Mi madre no era la única a la que le fascinaba; hasta la fecha puedo conversar con un tío que lo admira tanto o más que ella. Reencontrarme con Juan Gabriel sigue siendo, una y otra vez, un auténtico disfrute.
En noviembre, Netflix estrenó Juan Gabriel: debo, puedo y quiero, dirigido por María José Cuevas, quien partió del visionado y la revisión de todo el material que el propio artista grabó a lo largo de su vida.
Juan Gabriel estuvo obsesionado no solo con su imagen; sino, también, con registrar en video su día a día. Gracias a ese vasto archivo personal y a una sólida investigación, el resultado es un documental que seduce desde su planteamiento inicial, recordándonos la conmoción que produjo su muerte y el profundo significado que tuvo, especialmente, en nuestro entorno latino.
En noviembre, Netflix estrenó «Juan Gabriel: debo, puedo y quiero«, dirigido por María José Cuevas, quien partió del visionado y la revisión de todo el material que el propio artista grabó a lo largo de su vida.
El documental aclara y replantea aspectos poco conocidos de la persona detrás del personaje: sus traumas, sus condiciones de vida, su genialidad, su familia y las múltiples dificultades que enfrentó.
El Divo, en la intimidad, era mucho más que una figura pública; era una persona de carne y hueso, con errores, luchas y pesares, que tuvo que enfrentarlos para alcanzar aquello que realmente buscaba: trascender a través de sus canciones. Y vaya que lo logró.
Esta obra nos invita a reflexionar sobre el éxito, sobre las personas y, en especial, sobre la necesidad de vencer nuestros propios demonios para salir adelante en busca de nuestros objetivos. Incluso cuando estos se alcanzan, muchas veces no logramos sentirnos plenamente satisfechos, porque, al final, somos humanos.

Conocer a Juan Gabriel más allá del cantante resulta fascinante y nos permite reencontrarnos con ese artista que muchos escuchábamos desde niños. Y si eres demasiado joven para comprender el significado y el peso que tuvo para quienes crecimos oyéndolo hace ya treinta o cuarenta años, este documental es una invitación a descubrir a un genio musical, no solo como intérprete, sino también como compositor.
Al igual que otros grandes, su formación fue casi autodidacta y, a pesar de sus limitaciones técnicas, no solo escribía sus letras, sino que también componía su música, aun sin saber escribir una nota musical.
Se comunicaba a través de su voz, casi de forma literal. Además, supo reinventarse y no malgastó su fuerza con el paso del tiempo: aunque fue perdiendo la voz, su performance sobre el escenario siempre lograba enloquecer a su público.
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El Divo de Juárez es y será siempre reconocido por quienes tuvimos la dicha de escucharlo, y puede convertirse en un descubrimiento formidable para oídos nuevos.
Puede que su música parezca caduca por la época en que fue escrita e interpretada, pero si uno se deja llevar por sus melodías y letras, encontrará un universo entero de emociones.
Juan Gabriel: debo, puedo y quiero no es solo un homenaje; es una revisión profunda de la vida y obra de un grande, con sus altos y bajos, que logró ser mucho más que un simple cantante. Se convirtió en una de las grandes estrellas de la música, y aquí lo redescubrimos, dejándonos llevar por la nostalgia en un suspiro musical.


