El Jardín Botánico de Trujillo, ese oasis urbano que alberga vida en medio del cemento, celebra un suceso extraordinario: el nacimiento de una cría de alpaca, un evento que refuerza el compromiso de la ciudad con la preservación de la fauna autóctona.
La pequeña alpaca, que aún no recibe nombre, y su madre se encuentran bajo el cuidado especializado de veterinarios de la ONG Laurito Saving, quienes monitorean sus primeras horas de vida en un corral protegido con mallas raschell por el Servicio de Gestión Ambiental de Trujillo (Segat)
Ubicado en la avenida América Sur, en la urbanización La Merced, este pulmón verde no es solo un escenario de cantos de aves y senderos sombreados.
La pequeña alpaca, que aún no recibe nombre, y su madre se encuentran bajo el cuidado especializado de veterinarios de la ONG Laurito Saving.
Con este nacimiento, el Jardín Botánico consolida su rol como santuario de educación ambiental, donde los visitantes pueden apreciar de cerca la riqueza de los ecosistemas andinos.
El horario de visita (de martes a domingo, 9 a. m. a 6 p. m.) promete ahora un aliciente adicional: presenciar este símbolo vivo de resiliencia.
Alpacas: animales de la costa
Estudios del Instituto Nacional de Investigación en Glaciares y Ecosistemas de Montaña (Inaigem) confirman que las alpacas, domesticadas hace más de 6000 años en la región Puno, son animales versátiles que pueden adaptarse a diversos pisos altitudinales.
«Aunque su hábitat natural está entre los 3800 y 4800 msnm, registros históricos de la cultura Moche muestran que se criaron en la costa norte con éxito, siempre que tengan sombra, agua y alimentación controlada», explica el biólogo Marco Cardoso, especialista en camélidos sudamericanos.

En Trujillo, el Jardín Botánico recrea estas condiciones con corrales techados y dietas suplementadas.
Trujillo: un legado biocultural vivo
La Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO) destaca en su informe «Camélidos Sudamericanos» (2023) que las alpacas fueron cruciales para las civilizaciones andinas no solo por su fibra, sino como símbolos rituales.
«En la costa, los Moche las representaron en ceramios como ofrendas funerarias, prueba de su valor trascendental», señala la arqueóloga Luisa Díaz, citando hallazgos en Huaca de la Luna.


