La presidenta pasará de ganar S/15.600 a S/35.568 mensuales, lo que equivale a más de S/1.166 diarios, en medio de una profunda crisis política, escándalos personales y una desconexión evidente con la realidad del pueblo que gobierna.
¿Una burla a los peruanos?
Este polémico aumento de sueldo presidencial ha generado una fuerte ola de críticas por parte de congresistas, líderes sociales y ciudadanos. Y es que Dina Boluarte, quien en noviembre de 2024 aseguraba que “con 10 soles se puede hacer una comida completa con sopa, segundo y postre”, hoy recibe una cifra que representa más de 116 veces ese monto, cada día.
En ese entonces, madres de familia, amas de casa y representantes de ollas comunes consideraron su comentario como un insulto: “Ni para la comida de mi perro alcanza”, respondió indignada una dirigente vecinal.
Ministro defiende, Servir se deslinda
Raúl Pérez Reyes, nuevo titular del Ministerio de Economía, justificó el incremento señalando que se trata de una “actualización justa” tras nueve años sin cambios. Argumentó que el Perú está por debajo de otros países en remuneración presidencial.
Sin embargo, la Autoridad Nacional del Servicio Civil (Servir) negó haber participado en dicha decisión y aclaró que no tiene competencia para fijar el sueldo de la presidenta.
El colmo: tarjeta estatal de S/5.000 mensuales para alimentos
Un reportaje de Punto Final reveló que Boluarte también dispone de una tarjeta electrónica con S/5.000 mensuales para cubrir alimentos para ella y su familia directa. Esta tarjeta del Estado, de la marca Pluxee (ex Sodexo), puede ser usada en supermercados, restaurantes, panaderías y cafeterías de Lima.
El contrato —firmado por adjudicación simplificada— no impone un límite diario y permite recargas adicionales cuando se agota el saldo. El presupuesto anual inicial es de S/60.000, pero puede ampliarse sin necesidad de justificación pública.
Una presidenta con beneficios ilimitados, en un país con hambre
Mientras millones de peruanos luchan por alimentar a sus familias con presupuestos que no alcanzan ni para lo básico, la presidenta acumula privilegios financiados con dinero público, profundizando la brecha entre Palacio y el pueblo.


