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Después de Venezuela: los países de América Latina en la mira de Estados Unidos

Después de Venezuela: los países de América Latina en la mira de Estados Unidos.

La reciente ofensiva de Estados Unidos contra Venezuela y la caída de Nicolás Maduro marcan un antes y un después en la relación de Washington con América Latina. Más allá del impacto interno en el país caribeño, la operación envía una advertencia clara al resto del continente: la Casa Blanca está dispuesta a usar todos los recursos —incluida la fuerza— para proteger lo que considera sus intereses estratégicos.

Para la analista Elizabeth Dickinson, del International Crisis Group, el mensaje no deja lugar a dudas: Estados Unidos se arroga el derecho de presionar e intervenir en la región para alinearla con su agenda de seguridad.

En este contexto, la acción en Venezuela funciona como ejemplo disuasorio para otros gobiernos: alinearse con Donald Trump o asumir las consecuencias.

De la doctrina al terreno: la estrategia ya está en marcha

En distintas capitales latinoamericanas se interpreta el ataque como la confirmación de que la Estrategia de Seguridad Nacional de Estados Unidos dejó de ser un documento teórico. Así lo advierte Maureen Meyer, vicepresidenta de la Oficina de Washington para América Latina (WOLA), quien señala que Washington actúa ahora de forma directa y sorpresiva.

Según Meyer, crece el temor a un retorno de prácticas históricas como la “diplomacia de las cañoneras”, con una combinación de presión económica, coerción política y presencia militar. El hemisferio occidental vuelve a ocupar un lugar prioritario en la agenda estadounidense.

Colombia: elecciones y advertencias veladas

Colombia aparece como uno de los países más expuestos en este nuevo escenario. Las duras declaraciones de Donald Trump contra el presidente Gustavo Petro —a quien ha acusado de tolerar el narcotráfico— han deteriorado rápidamente la relación bilateral.

Trump acusó a Gustavo Petro, presidente de Colombia, de «tolerar el narcotráfico» en el país cafetero.

Aunque Dickinson no ve un riesgo inmediato de intervención militar en Colombia, subraya que el calendario electoral, con comicios presidenciales previstos para mayo, abre una ventana de influencia. Desde Washington, un gobierno colombiano más alineado con sus prioridades en seguridad, lucha contra el narcotráfico y control migratorio sería visto con buenos ojos.

Cuba: un objetivo persistente

Cuba vuelve a figurar entre las principales preocupaciones de Washington. La isla ha sido históricamente un foco de atención para figuras clave del entorno de Trump, como el secretario de Estado Marco Rubio, férreo opositor del régimen socialista de La Habana.

Miguel Díaz-Canel, presidente de Cuba, siempre tuvo como aliado a Maduro.

De acuerdo con Meyer, ya se observan efectos indirectos: Estados Unidos busca asfixiar aún más la economía cubana limitando su acceso al petróleo y debilitando su alianza con Venezuela. Aunque no se anticipa una acción militar directa, Cuba atraviesa uno de sus momentos de mayor vulnerabilidad.

México: cooperación forzada y tensiones abiertas

El caso de México es distinto, pero igualmente sensible. La relación bilateral se ha caracterizado por la presión constante de Washington, que ha utilizado la amenaza de aranceles y de acciones militares para forzar cambios en políticas migratorias y antidrogas.

Claudia Sheinbaum es la sucesora de Andrés Manuel López Obrador en México.

Tras la ofensiva en Venezuela, Trump volvió a tensar la cuerda al cuestionar la autoridad de la presidenta Claudia Sheinbaum, sugiriendo que el poder real en el país lo ejercen los cárteles de la droga. Estas declaraciones elevan el nivel de alerta y ponen en juego el delicado equilibrio entre cooperación y soberanía nacional.

Un precedente que inquieta a América Latina

Para los analistas, el mayor impacto del ataque a Venezuela no es inmediato, sino estructural. La sola posibilidad de una intervención funciona como herramienta de presión permanente sobre los gobiernos de la región.

El desenlace del proceso venezolano será clave. Su éxito o fracaso condicionará los próximos movimientos de Estados Unidos en América Latina, una región que observa con atención —y preocupación— cómo se redefine el tablero geopolítico tras este giro decisivo de Washington.