Miguel Ángel Cárdenas aprieta el teléfono con manos temblorosas. Desde un búnker en Ucrania, este expolicía de Medellín le escribe a su familia: “Nos mintieron. Somos carne de cañón. Quiero abrazar a mis cuatro hijos”.
Su grito resume el retorno de mercenarios colombianos, justo cuando Estados Unidos celebra la Operación Resolución Absoluta en Venezuela, con Nicolás Maduro capturado, y con Donald Trump lanzando amenazas contra Colombia y México por narcotráfico.
La historia de Miguel no es aislada. Este padre de cuatro hijos fue atraído por promesas de 4000 dólares mensuales vía TikTok en 2024. Llegó sin balas ni medicinas. «Me rendí a los rusos para sobrevivir», confiesa. Hoy pide un vuelo humanitario al gobierno de Petro.
Mientras Miguel sueña con casa, Bogotá actúa. En diciembre de 2025, la Cámara aprobó por 92 votos la ratificación de la Convención Internacional contra el Reclutamiento de Mercenarios.

Esta ley impone penas de hasta 12 años a reclutadores, financistas y entrenadores de milicias. «Cero tolerancia», dice el vicecanciller Mauricio Jaramillo.
Las cifras son contundentes y siguen creciendo. Desde 2022, la Cancillería colombiana tiene registro de más de 500 connacionales que viajaron a Ucrania. De ellos, cerca de 300 han muerto, unos 100 continúan combatiendo y alrededor de 100 lograron regresar al país.
Reportes desde Rusia
Rusia informó que solo en diciembre de 2025 murieron 67 mercenarios extranjeros. Según ese balance, la mayoría de las bajas correspondían a ciudadanos colombianos.
Medios como Infobae y El Colombiano han detallado el mecanismo usado para atraer combatientes. Promesas de altos salarios que nunca se materializan y contactos iniciales a través de redes sociales funcionan como carnada.
Autoridades rusas aseguran que el flujo de reclutas sigue activo, especialmente por TikTok y WhatsApp.
La reacción del gobierno colombiano
El presidente Gustavo Petro afirmó que muchos colombianos fueron engañados y que su situación se asemeja a un secuestro.
Solicitó a su homologo ucraniano su liberación y anunció el envío de diplomáticos y un hospital militar.
En Bogotá, familiares de los combatientes realizaron protestas públicas. Denuncian que sus parientes fueron utilizados como “blancos fáciles” dentro del conflicto y exigen acciones concretas para su repatriación.

Testimonios desde la captura
José Aron Medina y Alexander Ante relataron su experiencia desde una custodia rusa. Contaron que un amigo exmilitar y videos vistos en redes sociales los convencieron de viajar.
Ambos describen el conflicto como una trampa que los llevó directamente al infierno de la guerra.
Analistas ven un patrón histórico. El experto en seguridad Fernando Estrada recuerda que Colombia ha exportado combatientes desde la Guerra de Corea hasta conflictos recientes. Advierte que “quienes regresan traen experiencia militar altamente peligrosa”.
Un contexto geopolítico explosivo
Este fenómeno ocurre en medio de fuertes tensiones internacionales. En enero de 2026, Estados Unidos capturó a Maduro durante la Operación Resolución Absoluta, ejecutada con drones y fuerzas especiales. Trump celebró la acción y la presentó como el fin de un narcoestado.
Tras ese operativo, el presidente estadounidense dirigió duras acusaciones contra Colombia, insultó al presidente Petro y lo vinculó con el narcotráfico. También lanzó advertencias sobre su estabilidad política. A México le reprochó el aumento del flujo de drogas y anticipó medidas contundentes.
Mercenarios y cambios de régimen
El uso de mercenarios no es nuevo. TRT Español lo describe como una maquinaria privatizada al servicio de intereses imperiales. Ejemplos previos incluyen la Operación Gedeón en 2020 y el magnicidio del presidente de Haití en 2021.
Especialistas temen que el entrenamiento recibido en Ucrania sea usado en futuros intentos de desestabilización. Algunos advierten que estos combatientes podrían ser utilizados contra Venezuela o para generar presión interna sobre el gobierno colombiano.
Un futuro incierto
Petro insiste en una política de paz sin interferencias extranjeras. Sin embargo, las amenazas desde Washington mantienen las alarmas encendidas. Mientras algunos colombianos esperan un vuelo de regreso, el país se pregunta si el retorno será definitivo o si apenas marca el inicio de un nuevo frente en América.


