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La mentira tiene los pies cortos de Acuña y el tejido adiposo de López Aliaga

Desde San Agustín hasta Mark Twain para diseccionar las recientes acciones de Acuña y López Aliaga, y demostrar que la traición a sus electores no es novedad, sino una constante histórica.

En política, la verdad es una víctima frecuente.

César Acuña Peralta y Rafael López Aliaga reiteraron que no renunciarían a sus responsabilidades como autoridades y que no defraudarían la confianza que depositaron en ellos sus electores.  

Sin embargo, como en política, quien dice la verdad pierde, ambos desertaron de sus funciones con pompa y elegancia, y ahora van en busca de más votos y de más poder.

Acuña lo hace en medio de un festín propagandístico con recursos públicos y López Aliaga mediante un falso atentado contra sí mismo.

Solo en los niños, la mentira es certeza de progreso. Cuando el infante empieza a falsear o exagerar la realidad, evidencia que su capacidad mental está desarrollándose de manera apropiada.

La mentira en el adulto es el reflejo de su decadencia moral. La ética, la religión y la ley sancionan a quien dice o manifiesta lo contrario de lo que se sabe, cree o piensa con intención de engañar.

Sin embargo, como en política, quien dice la verdad pierde, ambos desertaron de sus funciones con pompa y elegancia, y ahora van en busca de más votos y de más poder.

Cade vez que se les preguntó si dimitirían a la gobernación de La Libertad y a la alcaldía de Lima, respectivamente, para tentar lo que evidentemente es su mayor deseo —la presidencia—, lo rechazaron.

“Las promesas incumplidas son también mentiras si, cuando se pronuncian, se sabe que será muy improbable o imposible hacerlas realidad”, postula José María Martínez Selva, en su libro La nueva ciencia de la mentira.

Vale decir: ambos políticos afirmaron lo contrario de lo que sabían. Se sirvieron del gobierno regional y la municipalidad como se aprovecha el parásito del huésped: viviendo a sus anchas a la espera de una vida mejor.  

Durante estos casi 3 años, chuparon toda la sangre del Estado para mantenerse vigentes y activos en la escena pública y política: cerca del poder y de los faros de la atención mediática. A la espera de su huésped definitivo, con el que alcancen la realización: la banda presidencial.

Acuña y López Aliaga.
Foto: Infobae.

“La mentira política no es un error, es una estrategia”, escribió Hannah Arendt. Acuña y Aliaga siempre supieron lo que querían, a merced de quienes votaron por ellos para los cargos que acaban de despreciar.

Napoleón Bonaparte apuntaba que la mentira en política nunca duerme. Así, ni el fundador de Alianza Para el Progreso ni el líder de Renovación Popular son los primeros que embaucan, ni serán los últimos.

Además, ellos lo hacen de manera constante. Basta con leer la carta de renuncia de Acuña para entender que el dueño de la UCV vive en otra dimensión o tiene dilemas para reconocer la realidad nuestra de todos los días. Basta con descubrir que el burgomaestre de Lima armó un atentado contra sí mismo, para medir sus pocos escrúpulos.

La verdad es complicada, dolorosa y costosa de producir, explica Yuval Noah Harari, en contraposición, la mentira es barata, simple y puede ser muy atractiva.

Acuña y López Aliaga: santos pecados y mentiras

San Agustín elaboró una sofisticada taxonomía de la falsedad. Desglosó el mentir en ocho categorías:

La mentira doctrinal (se profana en el ámbito de la enseñanza religiosa), mentira malévola (causa daño sin reportar beneficio alguno), la mentira lesiva-utilitaria (genera un perjuicio, también ayuda a alguien), mentira lúdica (nace del mero placer de engañar), mentira complaciente (se dice para agradar a los demás), mentira benévola (no hace daño y ayuda a alguien) y la mentira salvadora (no causa perjuicio y puede preservar la vida de una persona).

Dante Alighieri reservó su octavo infierno de la Divina comedia para los mentirosos. La mentira no está incluida dentro de la lista de los pecados capitales. ¿Por qué es una supermaldad?

Immanuel Kant sostenía que todos tenemos el deber absoluto de decir la verdad. Decir la verdad, es un imperativo categórico que no admite dudas ni murmuraciones, insistía. En cambio, Jeremy Bentham creía que mentir no siempre era malo. Puede haber ocasiones en que sea lo correcto.

En esa línea, Dominique Wolton aclara que el objetivo principal de la comunicación política no es decir la verdad, sino convencer, movilizar y ganar legitimidad.

Para el francés, la mentira es una estrategia de comunicación más, y crítica con severidad la demanda social de «transparencia absoluta», porque —sostiene— es una ilusión y es contraproducente.

Ni mentiras piadosas

José María Martínez Selva explica que existen dos razones fundamentales para mentir, que a menudo van unidas: obtener un beneficio y protegerse de un daño.

“La tendencia a engañar para obtener un beneficio es una constante en todas las sociedades y en todos los ámbitos. Cuando la ganancia esperada es muy elevada, algunas personas prestan menos atención a las normas morales y al bien común, actúan de forma más egoísta”.

Acuña y López Aliaga.

Acuña gobernaba una región de más de dos millones de personas, que padecen a tajo abierto los problemas más graves del Perú: la delincuencia y la corrupción, líos que durante su administración se agigantaron, tal vez, entre otros motivos, por sus reiteradas ausencias.

“Desde que asumió como gobernador de La Libertad, el líder de Alianza para el Progreso se había pasado uno de cada diez días de su gestión de licencia, de viaje, casi siempre en Europa. Al tipo nunca le interesó ser gobernador, él quiere ser presidente», opinó el periodista Marco Sifuentes en su programa La encerrona.

Su colega en la deserción abandonó una metrópoli de más de 10 millones de ciudadanos con dilemas semejantes.

Ambos enarbolan que sus decisiones de abandonar todo fue impulsada por su afán de servicio —sin embargo, es evidente su egoísmo—, su capacidad de acabar con los problemas del Perú —pero agigantaron las contrariedades de sus jurisdicciones—, su compromiso con el futuro de la patria —otra mentira: buscan aprovecharse de la situación—.

“El engaño político se sostiene mientras la multitud lo acepte”, escribió Maquiavelo. La mentira en política no debe ser normalizada, sino combatida con participación activa, más aún en una contienda electoral.

«Imagino que usted, no votará por Acuña o López Aliaga. Imagino que a usted le parecen, como a mí, despreciables. Imagino que usted aspira a que las próximas elecciones sean un aseo de política, una oportunidad para caras nuevas, compromisos serios, hojas de vida sin mancha”, escribió César Hildebrandt

José María Martínez Selva explica que existen dos razones fundamentales para mentir, que a menudo van unidas: obtener un beneficio y protegerse de un daño

Solo una ciudadanía empoderada y vigilante podrá limitar el abuso del poder basado en falacias. El ciudadano debe entender que su papel no es pasivo. “Quien no se preocupa por la política corre el grave peligro de ser gobernado por alguien peor que uno”, sostiene Platón. Vota con memoria.

La mentira en política debe ser castigada por nauseabunda. Mark Twain, el autor de El príncipe y el mendigo, compara los políticos con los pañales: deben cambiarse frecuentemente, y por las mismas razones.

César Clavijo Arraiza
César Clavijo Arraiza
Nació en un desierto frente al mar, donde solo crecen árboles de algarrobos. Dice que le gustan todas las frutas, pero en los últimos meses se ha decantado por el pepino, de origen andino; pero con una mala fama: se cree que si se consume después de beber licor puede causar la muerte. Periodista, escritor, docente, padre y esposo. Es torpe con la pelota, pero ama jugar fútbol. En el 2018 publicó "Tercera persona"; en el 2023, "No todo se queda en la cancha". Terminó un doctorado en comunicaciones.