¿Por qué no se puede hacer una buena película en imagen real de un videojuego? ¿Qué es lo complicado? ¿Cómo hacerlo sin decepcionar? Pero Street Fighter (Kitao Sakurai, 2026) tiene algo con lo que te enganchas, a pesar de que a leguas se nota que es una mala película. Hay una especie de ‘cosita’ que cautiva y que, finalmente, termina gustando.
El inicio de la historia, en su versión anime, es más que bueno. Allí vemos el pasado del protagonista, Ryu, cuando enfrenta a uno de los principales villanos de la saga de videojuegos y cómo la maldad lo va poseyendo. Luego pasamos a la imagen real y damos un salto en el tiempo, hasta que nuevamente se convoca al torneo para elegir al campeón mundial.
Chun-Li es la encargada de buscar a los campeones, quienes se conocen entre sí o son reconocidos por el prestigio que los precede. El casting de algunos es exacto y más que parecido a su alter ego de las consolas; otros, en cambio, ni siquiera se aproximan.
La historia es casi nula, vacía y tiene como único atractivo que la maldad del protagonista se desatará y terminará destruyendo o matando a todos. Sin embargo, las peleas y los efectos especiales están más que sorprendentes, a diferencia de la mayoría de los maquillajes y caracterizaciones que no cumplen con las expectativas.
Esta película es demasiado deudora de su versión de 1994, desde la historia de la periodista que se infiltra en busca de venganza, hasta lo cringe que resulta ver a personajes como Blanka.
La parte de animación, además, está demasiado inspirada en la versión de la película animada de 1994, que hasta la fecha sigue siendo, para mí, la mejor versión cinematográfica del videojuego. A esto se suma la serie anime que logró profundizar en algunas historias, aunque terminó teniendo una trama más que olvidable.
Lo mejor —ya lo mencioné— es la animación, las peleas y muchos de los personajes con sus poderes especiales y vestimenta. Como aficionados a las “peleítas”, este punto está muy bien planteado. Las coreografías están muy bien logradas.
Otro de los puntos que debilita esta historia es querer darle espacio a una gran cantidad de personajes que podrían ser importantes, pero que terminan siendo simples cameos.
Algunos, incluso, aparecen tan desfigurados que ni siquiera logran ser caricaturas de lo que conocemos y disfrutamos en el juego.
Y eso resulta todavía más curioso porque en el videojuego las historias alcanzan un trasfondo mejor desarrollado. Sabiendo que detrás tienen una historia fuerte, los personajes no evolucionan: son los mismos, con un conflicto que no está desarrollado del todo. Terminan siendo simples carcasas que no transmiten ni emocionan.
Lo mejor —ya lo mencioné— es la animación, las peleas y muchos de los personajes con sus poderes especiales y vestimenta. Como aficionados a las “peleítas”, este punto está muy bien planteado. Las coreografías están muy bien logradas y las riñas resultan interesantes, aunque no tienen la importancia ni el espacio que deberían. Se desperdicia así lo que podría convertirse en un aspecto sumamente fuerte entre los personajes, sin lograr que los enfrentamientos tengan verdadera importancia dentro de la historia.

Y la pelea final puede apreciarse como esos instantes cuando éramos niños y estábamos en el “vicio”, ese lugar al que íbamos a alquilar las consolas y donde, si no teníamos dinero o íbamos en grupos grandes, terminábamos detrás de quienes sí sabían jugar, observando peleas más que memorables.
Sí, la nostalgia es más que atractiva y cercana en esta película. Pero, sumando sus puntos fuertes y débiles, me quedo con las ganas de ver un producto que realmente resulte atractivo, más allá de las pésimas actuaciones y de unos poderes espectaculares, pero desperdiciados.
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Street Fighter es una película atractiva, pero carece de contenido. Visualmente funciona, aunque no emocione más allá de un golpe espectacular. Es pésima, pero nos enganchamos por alguna no tan extraña razón. Es más, estoy seguro de que muchos quisieran que esta cinta tuviera varias secuelas, y puedo apostar a que funcionarían, tal vez, mejor que esta.
Si quieres recordar, con una ya casi lejana nostalgia, algo de aquellos videojuegos, puede que esta película te enganche o puede que termines decepcionado. Ya depende de qué pese más en ti…
Pero de que hay pelea, hay pelea.


