El primer día de clases suele llegar acompañado de una lista invisible que cosas que atender, como el horarios que ordenar, cursos que aprobar, trabajos que se empezarán a acumular y expectativas que ya pesan.
Para muchos estudiantes universitarios, volver a la rutina no significa únicamente regresar al campus. También implica reajustar el sueño, recuperar el ritmo de estudio y encontrar una manera de responder a las exigencias académicas sin dejar la vida personal en la puerta.
Durante las primeras semanas pueden aparecer nervios, ansiedad o presión por adaptarse con rapidez.

La advertencia de la Dra. Sandra Fuentes Chávez, docente de la Escuela de Psicología de la Universidad César Vallejo (UCV), apunta a no esperar a que el estrés o el agotamiento se vuelvan difíciles de manejar.
La salud mental, sostiene la especialista, también se protege mediante pequeños hábitos cotidianos que ayuden a equilibrar las responsabilidades académicas con el descanso y los vínculos personales.

Cinco claves para cuidar la salud mental en la universidad
Organizar el tiempo para no vivir al límite
- Planificar las actividades permite distinguir lo urgente de lo importante. Establecer prioridades, distribuir las horas de estudio y respetar los momentos de descanso puede ayudar a prevenir el agotamiento y el estrés académico. La organización no consiste en llenar cada espacio del día, sino en reconocer que el descanso también forma parte de una rutina sostenible.
Mantener redes de apoyo
- La experiencia universitaria no tiene por qué afrontarse en soledad. Conversar con compañeros, docentes, familiares o amigos puede permitir que una preocupación deje de crecer en silencio.
- Los vínculos saludables ofrecen apoyo emocional y ayudan a enfrentar las dificultades académicas o personales con una perspectiva más amplia.
Cuidar el cuerpo para sostener la rutina
- Dormir adecuadamente, alimentarse de manera equilibrada, realizar actividad física y reservar momentos para la recreación son prácticas relacionadas con el bienestar físico y psicológico.
- En un semestre que amenaza con convertirse en una sucesión de entregas, estas actividades suelen ser las primeras en desaparecer; sin embargo, también son parte de las condiciones necesarias para estudiar y desenvolverse mejor.
Ponerle nombre a lo que ocurre
- Identificar lo que se siente y comunicarlo puede ser un primer paso para afrontar una situación difícil. La tristeza, la ansiedad o el cansancio no tienen que ocultarse para cumplir con las obligaciones. Pedir ayuda, recuerda la especialista, no es una señal de debilidad, sino una forma de reconocer que una persona necesita acompañamiento.
Buscar atención cuando el malestar interfiere
- Si la ansiedad, la tristeza persistente, el agotamiento, las dificultades académicas o los problemas interpersonales empiezan a interferir con la vida cotidiana, es recomendable acudir a los servicios de psicología o bienestar universitario. La atención oportuna puede contribuir a comprender lo que sucede y a identificar estrategias de apoyo.
La prevención también se construye en comunidad
Las recomendaciones forman parte de una mirada preventiva vinculada con «Blindaje para el Cora», programa de la Universidad César Vallejo (UCV) orientado a fortalecer el autocuidado, prevenir riesgos emocionales y promover redes de apoyo entre estudiantes.

Recuerda que estudiar importa, pero también importa la manera en que se atraviesa el proceso. Organizarse, descansar, conversar y pedir ayuda a tiempo no son interrupciones de la vida universitaria. Son parte de ella.
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