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Mario Reyna ‘está’ loco: ¿qué pasa cuando el alcalde de Trujillo usa la salud mental como arma para atacar a sus rivales?

En una transmisión en vivo, frente a la fachada del Centro Frida Alayza Cossio, el burgomaestre llamó "loquitos sueltos" a sus críticos y los invitó a "hacerse su tratamiento".

No fue improvisado, ni un comentario fuera de micrófono. Fue una declaración en vivo, grabada con una cámara oficial de la Municipalidad Provincial de Trujillo (MPT) y difundida a través de su fanpage. El alcalde Mario Reyna Rodríguez eligió la fachada del Centro de Salud Mental Comunitario Frida Alayza Cossio —ubicado en la prolongación de la avenida Vallejo— para lanzar críticas contra sus adversarios políticos.

Inoportuno. La autoridad utilizó el sufrimiento ajeno como herramienta de ataque.

En el video, el burgomaestre mostraba primero los avances de la obra vial que la municipalidad ejecutó en la zona. Pero, de pronto, desvió el discurso hacia un terreno inconveniente.

Y es que el primer alcalde — el primer vecino de Trujillo— no solo trivializó una condición clínica real, sino que la convirtió en un arma política.

«Me ha llamado la atención que aquí hay un centro de salud. A ver, tanto loquito suelto que anda en la ciudad», dijo.

Luego añadió: «Sobre todo para los muchos candidatos que anda haciendo sus videos, sus cojudecitas, recordarles y darles la dirección y vengan a hacerse su debido tratamiento. Y con la pista que no va a tener hueco, van a estar bacán».

Acto seguido, soltó una carcajada.

Lo que para el alcalde pareció un chiste ocurrente, para miles de trujillanos que padecen trastornos de salud mental —y para sus familias— fue una bofetada. Sicólogos y otros profesionales vinculados a atender problemas de salud mental consultados por Buena Pepa han calificado las declaraciones como “estigmatizantes, discriminatorias y profundamente irresponsables”.

Y es que el primer alcalde — el primer vecino de Trujillo— no solo trivializó una condición clínica real, sino que la convirtió en un arma política.

«La salud mental en el Perú está desvalorizada. Es tratada como burla. Si tú dices que ‘te estas tratando con el sicólogo’, te tratan de loco, como es el caso del alcalde, quien está completamente desatinado», considera la sicóloga Vanessa Jiménez.

Añadió: «El alcalde dice ‘tanto loquito’, pero los loquitos no van a un centro de salud, ellos van al siquiatra y son medicados. El centro de salud es para atender otros situaciones. (El alcalde) se lo toma a la ligera».

Salud mental: cifras de un mal evidente

Detrás de la palabra «loquito» hay una realidad demoledora. Según el Instituto Nacional de Salud Mental Honorio Delgado-Hideyo Noguchi, la prevalencia de vida de cualquier trastorno psiquiátrico en el Perú alcanza al 30,89 % de la población adulta.

Eso equivale a más de 5,1 millones de peruanos. En otras palabras: uno de cada tres adultos en el país sufrirá o ya ha sufrido algún trastorno mental a lo largo de su vida.

El Centro de Salud Mental Comunitario Frida Alayza Cossio no es un lugar de «loquitos sueltos». Es un establecimiento de salud especializado, parte del modelo comunitario impulsado por el Minsa, que demandó una inversión de más de 17 millones de soles por parte del Gobierno Regional de La Libertad.

La ansiedad, la depresión y los trastornos del desarrollo sicológico encabezan la lista de atenciones en los establecimientos del Ministerio de Salud. Solo en 2024 se atendieron más de 1,3 millones de casos por problemas de salud mental.

Sin embargo, la brecha de atención es brutal: ocho de cada diez personas que necesitan ayuda no la reciben, ya sea por falta de recursos, por ausencia de servicios cercanos o, como en este caso, por el miedo a ser ridiculizadas.

Nuestro país, de acuerdo al Colegio Médico del Perú, cuenta con apenas 1350 psiquiatras para 33 millones de habitantes, muy por debajo de los estándares recomendados por la Organización Mundial de la Salud (OMS).

El gasto público en salud mental representa solo el 2 % del presupuesto del sector salud, cuando los organismos internacionales sugieren destinar entre el 5 % y el 10 %.

Mientras tanto, el alcalde Mario Reyna se ríe

El establecimiento que Mario Reyna banaliza fue inaugurado en la urbanización La Rinconada con esfuerzos regionales y reconocimiento internacional.

El Centro de Salud Mental Comunitario Frida Alayza Cossio no es un lugar de «loquitos sueltos». Es un establecimiento de salud especializado, parte del modelo comunitario impulsado por el Minsa, que demandó una inversión de más de 17 millones de soles por parte del Gobierno Regional de La Libertad.

Marío Reyna, Trujillo

Está diseñado para atender a más de 300 mil personas de la provincia de Trujillo, y forma parte de una red de 293 centros similares en todo el país. Ofrece atención especializada en casos de depresión, ansiedad, esquizofrenia, adicciones.

Justamente, ese modelo ha sido reconocido fuera de nuestras fronteras. En 2025, la Organización Panamericana de la Salud (OPS) otorgó el Premio a la Gestión y Liderazgo en los Servicios de Salud a la directora de Salud Mental del Minsa, July Caballero Peralta, por haber logrado expandir los servicios de salud mental comunitaria en todo el Perú.

El galardón destacó el esfuerzo conjunto para construir una red nacional que hoy cuenta con 293 centros comunitarios, 52 unidades de hospitalización, 94 hogares protegidos y más de 1.700 establecimientos de primer nivel fortalecidos.

Frente a ese panorama de avances, las declaraciones del alcalde suenan no solo como una falta de respeto, sino como un retroceso en la lucha contra el estigma.

Un discurso que vulnera la Ley de Salud Mental

Las declaraciones de Reyna podrían contravenir la Ley N.° 30947, Ley de Salud Mental, que en su artículo 1 establece como objetivo garantizar el acceso a servicios de promoción, prevención, diagnóstico y tratamiento de los trastornos mentales, bajo un enfoque de derechos humanos.

La norma prohíbe expresamente la discriminación y estigmatización de las personas con problemas de salud mental.

El uso peyorativo de términos como «loquito suelto» refuerza el estigma social, que ya es identificado por los especialistas como la principal barrera para que las personas busquen ayuda profesional.

Miedo a ser etiquetados, a ser ridiculizados, a ser señalados. Ese miedo, alimentado desde la propia máxima autoridad provincial, puede tener consecuencias fatales.

La ciudadanía no le pide al alcalde que sea médico ni sicólogo. Le pide, simplemente, que no convierta el dolor ajeno en un chiste de campaña (porque Mario Reyna siempre ha estado en campaña).

Que no utilice la infraestructura de salud pública —pagada con los impuestos de todos— como un escenario para atacar a sus adversarios. Y que, si realmente le importa la salud mental de los trujillanos, empiece por no llamar «loquitos» a quienes padecen trastornos psiquiátricos.