La noche que debía ser solo de alegría para Alianza Lima se convirtió en un escenario de ajuste de cuentas. Pablo Guede, entrenador íntimo, no solo levantó el trofeo del Torneo Apertura 2026, sino que usó el micrófono como una comba para romper la hipocresía que, según él, pulula por los pasadizos de Matute.
Tras la victoria 3-0 frente al Chankas, la escuadra blanquiazul celebró sobre el césped de Matute un logro que parecía imposible cuando, a inicio de año, el club sufrió de todos los males posibles: indisciplina de jugadores, eliminación de la Copa Libertadores (por un equipo debutante) y las voces que pedían el despido del estratega.
«Pasé en poco tiempo por muchas cosas desagradables, pero la peor fue cuando me dijeron en la tercera fecha que si no ganábamos me tenía que ir», reveló Guede.
Sin embargo, en la noche más alegre de Alianza de los últimos tres años, la imagen que quedará grabada no fue la del abrazo colectivo, sino la del estratega argentino negándose a participar en la foto oficial, esquivando el premio al mejor entrenador que la Liga de Fútbol Profesional (LFPP) le quiso otorgar y cediéndole todo el protagonismo a sus jugadores.
«Pasé en poco tiempo por muchas cosas desagradables, pero la peor fue cuando me dijeron en la tercera fecha que si no ganábamos me tenía que ir», reveló Guede.
La declaración fue una bomba en la sala de prensa. La celebración cediendo espacio a la exteriorización del resentimiento. El DT, que había mostrado paciencia durante los malos resultados iniciales, soltó la rienda de ese caballo desbocado que se llama revancha. «Memoria que no olvida, rencor que no se aplaca», pronunció Hernán Cortés.

¿Fue desmedida la exigencia dirigencial? Para Guede, sí. «Fue bastante injusto, considerando el escaso tiempo que tuve para plasmar mi idea táctica. Pero en el fútbol es lo que manda. Por suerte ganamos», añadió, dejando entrever que el ultimátum no hizo más que fortalecer su convicción.
Guede y los Navarro
El técnico señaló que el mérito de este primer gran objetivo del año no es suyo, ni de los que ahora se toman selfies con la copa. «El verdadero sostén fue Franco Navarro, su hijo y mi cuerpo técnico. Ellos no patearon el tablero cuando todo se venía abajo», enfatizó.
Pero el momento más tenso llegó cuando Guede explicó su ausencia en la foto de campeones. «No salí a celebrar porque había gente que no quiero ver. Cuando se levanta una copa salen muchos en las fotos que patean para atrás. Es una lástima, porque si tiraran todos para el mismo lado sería maravilloso», disparó, sin mencionar nombres, pero con una claridad que dejaba en evidencia a sectores de la directiva.

Lejos de excusas, el entrenador cerró su conferencia con una lección. «Yo aprendí de los buenos de verdad a hablar menos y a entrenar más. Porque cuando uno no tiene los argumentos futbolísticos, lo único que hace es poner excusas. Cuando unos pedían cambios de árbitros, nosotros entrenábamos pelotas parada», sentenció.
Guede: las palabras pensan
«Nada en la tierra consume a un hombre más rápidamente que la pasión del resentimiento», escribió Friedrich Nietzsche.
En el camino hacia el título de Apertura, Guede se sintió más acorralado por los suyos que por los rivales. Ahora, el club celebra el Apertura sabiendo que la vía hacia el título nacional requiere una unión real entre comando técnico y directiva.
El exfutbolista Reimond Manco, siempre punzante y sin filtros, lanzó su diagnóstico con la contundencia de quien conoce los pasillos de Matute. «¡La mochila pesada que se puso Guede para el Clausura!», exclamó en una programa de televisión.
El ahora presentador resume en una frase lo que muchos en el medio empezaban a susurrar. Porque si bien el argentino tuvo derecho a desahogar su ira contenida contra los dirigentes que lo amenazaron en la tercera fecha, lo cierto es que esas declaraciones explosivas no quedaron en el olvido del festejo.
Al contrario: ahora Guede no solo carga con la exigencia de ganar el título nacional. En el Clausura, cada tropiezo, cada empate inoportuno, será leído como una revancha fallida o como la prueba de que sus críticos internos tenían razón.
El 2026 recién va por la mitad, y el técnico blanquiazul acaba de jugar su carta más arriesgada. Sin embargo, brota la esperanza de un tiempo mejor en Matuter porque, como dicen por allí, un entrenador es aquella persona que puede corregir sin suscitar rencores.


