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¿El Diablo viste a la moda? El papa también: de los zapatos rojos de Benedicto XVI a las Nike de León XIV

Dos mil años de historia pontificia caben, de algún modo, en la suela de un zapato. Cada par ha reflejado una teología, una época, una manera de entender qué significa gobernar la Iglesia más antigua del mundo.

En 2005, cuando Joseph Ratzinger apareció ante la multitud congregada en la Plaza de San Pedro luciendo unos llamativos zapatos de cuero rojo carmesí, la prensa internacional los atribuyó de inmediato a Prada. El Vaticano desmintió el rumor: eran obra de Adriano Stefanelli, un artesano romano de larga tradición pontificia.

Pero el malentendido reveló algo verdadero: el calzado de los papas ha fascinado, escandalizado y simbolizado durante dos milenios. Ningún par de zapatos en el mundo ha soportado tanto peso simbólico.

 Pantufla de verano perteneciente al beato Pío IX.

La herencia de Roma: sandalias y cothurnos

En los primeros siglos del cristianismo, el obispo de Roma calzaba lo mismo que cualquier ciudadano devoto del Imperio: sandalias de cuero sencillo, herederas directas de la tradición judía y grecorromana. Pero a medida que la Iglesia gana terreno institucional, el calzado comienza a transformarse.

Los papas adoptan progresivamente el cothurnus —bota de media caña usada por magistrados y actores en la Roma clásica—, no como adorno teatral, sino como declaración de autoridad. El cuero se vuelve más grueso, las suelas más elaboradas. El pie del pontífice empieza a diferenciarse del pie del fiel.

Cothurnus usado en la antigua Roma.

Es en este período cuando nace el rito del osculum pedum, el beso al pie del papa como acto de veneración. Ese gesto convierte literalmente al calzado en objeto sagrado: algo que se toca con los labios, no con las manos. El zapato deja de ser utensilio y se convierte en reliquia en uso.

Renacimiento y Barroco: el esplendor del rojo pontificio

Con el Renacimiento llega la definitiva consagración del rojo como color papal. Alejandro VI, León X, Julio II: los grandes pontífices renacentistas entienden el calzado como parte de un sistema de representación total, tan calculado como un fresco de Miguel Ángel.

Pintura del papa Alejandro VI.

La seda sustituye al cuero en los momentos de mayor solemnidad; el oro bordado traza cruces y flores sobre el empeine; las hebillas de plata se convierten en piezas de orfebrería.

El simbolismo del rojo es, en este punto, doble, pues evoca la sangre de los mártires —y por tanto la disposición del papa a morir por la fe— y remite a la dignidad imperial romana, cuya herencia la Iglesia reclama conscientemente. Es un rojo que no grita: habla en voz baja y con autoridad, como una llama quieta sobre el mármol blanco de una basílica.

Siglo XIX y XX: el protocolo papal

Pío XII, figura de gran conciencia estética, usa zapatos rojos de piel de cabra con la hebilla de plata que se convertirá en modelo de referencia para sus sucesores. Juan XXIII y Pablo VI mantienen la tradición sin mayores variaciones: el calzado pontificio es, en esas décadas, un elemento de continuidad en medio de profundos cambios doctrinales.

El papa San Juan XXIII
El beato Pablo VI. Foto: Iglesia Española.

Juan Pablo II, Benedicto XVI y Francisco: tres pares de zapatos, tres visiones de la Iglesia

Juan Pablo II porta los zapatos rojos con la energía de un hombre acostumbrado a las montañas: los suyos tienen suela más gruesa y aspecto más robusto que los de sus predecesores. Recorre el mundo con ellos; suben al papamóvil, bajan a los barrios pobres, se detienen ante las alambradas de los campos de concentración. Son zapatos de pastor itinerante, no de monarca sedentario.

Benedicto XVI, en cambio, eleva el calzado pontificio a objeto de contemplación. Sus mocasines rojos —de cuero finísimo, con punta ligeramente redondeada, confeccionados por Stefanelli siguiendo patrones del siglo XVIII— generan más artículos de moda que ningún otro pontífice de la historia. La prensa los llama «los zapatos de Prada», él nunca desmiente del todo el rumor. Son zapatos que entienden el pasado como una forma de belleza que merece ser preservada.


El papa Benedicto XVI en la Santa Sede.

Francisco rompe la cadena. El 13 de marzo de 2013, pocas horas después de su elección, aparece ante las cámaras calzando unos sobrios zapatos negros de cuero liso con suela de goma: los mismos que usaba en Buenos Aires.

Francisco rompió la tradición y usó zapatos negros.

Son zapatos ortopédicos, funcionales, sin pretensión alguna. El gesto es tan deliberado como el de sus predecesores. Francisco no rechaza el simbolismo, lo reinvierte. Sus zapatos dicen que la autoridad no necesita ornamento; que el servicio es la única liturgia que importa.

León XIV y las Nike: la moda entra al Vaticano

El 8 de mayo de 2026, mientras el Vaticano conmemora el primer aniversario del pontificado de Robert Francis Prevost —León XIV—, una imagen procedente del documental oficial Leone a Roma, producido por Vatican News, sacude las redes sociales en todo el mundo.

En el fotograma en cuestión, el papa camina por las calles de Roma con su sotana blanca. Bajo el dobladillo del hábito, asoman unas zapatillas blancas de suela baja con el inconfundible logotipo de Nike. El Vaticano no ha generado nunca tanta conversación en el ámbito de la moda urbana.

La viralidad fue inmediata y, en un primer momento, escéptica. Muchos usuarios sospecharon que se trataba de una imagen creada con inteligencia artificial, eco inevitable del falso viral de 2023 en el que el papa Francisco aparecía con una llamativa chaqueta acolchada blanca.

Pero en este caso la procedencia era incontestable, pues el registro formaba parte del material audiovisual oficial del Vaticano, preparado para celebrar el primer año del pontificado. No había manipulación; solo un papa estadounidense, con sotana y zapatillas deportivas, paseando por Roma.

Las cuentas especializadas en cultura sneaker —el universo de los coleccionistas y apasionados del calzado deportivo— se movilizaron en cuestión de horas. Las primeras hipótesis apuntaban a unas Air Force 1 clásicas o a unas Nike SB; sin embargo, los expertos en moda urbana terminaron por identificar el modelo con mayor probabilidad como las Nike Franchise Low Plus, una silueta de inspiración retro con estructura de cuero blanco y estética minimalista, reeditada en 2008 a partir de diseños de los años setenta y ochenta.

El propio Vaticano no ha confirmado oficialmente el modelo exacto, lo que, paradójicamente, no ha hecho sino intensificar la especulación y el interés.

La elección no sorprende a quienes siguen de cerca el perfil de León XIV. Desde su elección, el papa ha proyectado una imagen deliberadamente más cercana y menos protocolar que la de sus predecesores inmediatos. Según la revista GQ, el pontífice ya había optado con anterioridad por calzado más sencillo en lugar de los zapatos papales con acabados formales tradicionales.

Su perfil deportivo es también conocido: se le sabe aficionado al béisbol —seguidor de los Chicago White Sox— y al fútbol, y simpatizante de clubes como el Alianza Lima y el Juan Aurich, de Perú, país en el que vivió largos años como misionero agustino. Los zapatos, en este contexto, son coherentes con quien los lleva.

El papa León XIV recibe la camiseta de Alianza Lima de manos de César Cueto.


El zapato como espejo

Dos mil años de historia pontificia caben, de algún modo, en la suela de un zapato. Cada par ha reflejado una teología, una época, una manera de entender qué significa gobernar la Iglesia más antigua del mundo.

Adriano Stefanelli, maestro zapatero que hizo los mocasines de Juan Pablo II y Benedicto XVI.

«El calzado papal es el único elemento del vestuario que toca literalmente el suelo», observa Nello Moroni, estudioso de indumentaria litúrgica en la Universidad Gregoriana de Roma. «Y eso lo convierte en la frontera entre lo sagrado y lo mundano: el punto exacto donde el Vicario de Cristo decide cómo pisar la tierra».

De las sandalias de cuero sin curtir de los primeros obispos de Roma a los mocasines rojos de Ratzinger o los zapatos negros de Bergoglio, el recorrido es el de la propia Iglesia: entre la humildad y la majestad, entre el origen y la historia, entre el barro del camino y el mármol de la basílica.

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