En una casa de Ica, el teléfono suena varias veces al día y nunca es la llamada que esperan: la que anuncie que el cuerpo de Jean Cristopher Espino Ramírez ha llegado a Lima.
En Tarapoto, la foto de José Ávila Tuanama sigue colgada en la sala, junto a la bandera peruana que recibió en su servicio militar, pero el ataúd que todos imaginaron para su retorno nunca llega del este de Ucrania.
Las familias hablan de promesas rotas, de dólares que nunca llegaron y de un dolor que se alarga con cada mes en el que el cuerpo de sus seres queridos permanece atrapado en un campo de guerra lejano.
Peruanos en la guerra: cifras que alarman
En los últimos años, al menos cinco peruanos han muerto combatiendo en la guerra Rusia‑Ucrania, según informes de medios como El Comercio y La República publicados en 2024 y 2025.

La mayoría eran exmilitares o voluntarios que se unieron a fuerzas extranjeras atraídos por salarios en dólares, pero muchos de ellos mueren en pocos meses y, en muchos casos, sus restos ni siquiera salen del campo de batalla.
Alta mortalidad en combate extranjero
Expertos en conflictos armados internacionales coinciden en que el porcentaje de mercenarios o voluntarios extranjeros que sobreviven más de un año en una zona de combate intenso es extremadamente bajo.
En Ucrania, donde las emboscadas, los ataques con drones y el fuego de artillería son constantes, la tasa de mortalidad entre estos combatientes pasa desapercibida por muchos gobiernos, incluido el peruano.
Ávila Tuanama: un contrato que no se cumplió
La familia de Jean Cristopher Espino Ramírez, pisqueño de 26 años, confirmó a Diario Correo que su hijo partió a Ucrania en 2022 y murió en octubre de 2023, alcanzado por un ataque ruso en la zona de combate.
Espino había pasado por el servicio militar del Ejército del Perú y recibió una preparación básica de combate, pero eso no bastó para protegerlo de un misil o un dron explosivo.
“Mi hijo se fue buscando mejorar la situación económica de la familia y terminó en una tumba lejana que ni siquiera podemos visitar”, confesó un familiar cercano, según las publicaciones de medios nacionales.

Ávila Tuanama: un contrato que no se cumplió
Similar fue el caso de José Luis Ávila Tuanama, natural de Tarapoto, de 29 años, quien se enlistó de forma voluntaria en el Ejército ucraniano en diciembre de 2024.
Su contrato estaba programado para terminar en junio de 2025, pero cayó víctima de una emboscada rusa en el este de Ucrania, apenas días antes de completar su servicio.
Elmer Schialer, actual representante Permanente del Perú ante los Organismos Internacionales con sede en Ginebra (Suiza), confirmó su muerte en mayo de 2025 y señaló que el acuerdo con el ejército ucraniano obligaba a ese país a asumir responsabilidades, incluida la repatriación.
“Tenemos que velar por los peruanos en el exterior, pero también recordar que Ucrania tiene sus propias obligaciones y límites”, dijo Schialer en una entrevista a RPP.
Repatriación atrapada en la burocracia
Sin embargo, la realidad es distinta. Hasta el momento, los cuerpos de Espino Ramírez y Ávila Tuanama no han sido repatriados al Perú, pese a que el tema ha sido elevado por Cancillería y discutido en distintos medios.
Funcionarios consulares han explicado que el proceso requiere documentación en Ucrania, certificados de defunción, coordinación con autoridades locales y, en algunos casos, contar con recursos económicos suficientes para el transporte, que puede superar los 10 000 dólares.

Desde el Ministerio de Relaciones Exteriores, el canciller Schialer ha insistido en que se está apoyando a las familias en los trámites consulares, pero admitió que la repatriación depende de la cooperación de Ucrania y de empresas de traslado de restos.
En declaraciones a La República, un cónsul peruano en la región señaló que, en algunos casos, incluso las autoridades ucranianas locales tienen dificultades para rastrear y entregar los cuerpos de extranjeros fallecidos en zonas de combate todavía activas.


