En Iquitos, la selva amazónica, el nombre de Jair Ayachi Sánchez y Frank Luis Pinedo del Campo ya se pronuncia en voz baja.
Eran dos exmilitares loretanos de 21 y 23 años que decidieron partir a Ucrania con la esperanza de mejorar su economía. En 2025, ambos murieron en el conflicto entre Ucrania y Rusia.
Según reportes de Infobae Perú y Trome , Jair salió de Perú el 24 de septiembre de 2025 y se incorporó a una unidad ucraniana destinada a la región de Zaporiyia, uno de los sectores más castigados por bombardeos y ataques de drones.
Pinedo, exintegrante de la Marina de Guerra del Perú, ganó también un contrato con fuerzas ucranianas, motivado por la promesa de un salario en dólares.
La voz de las madres
La madre de Jair, Elena Sánchez, relató, a medios peruanos, que su hijo fue alcanzado por un misil lanzado desde un dron mientras se refugiaba en un búnker.
“Nos llamaba todos los días, nos decía que estaba bien, pero un día dejó de contestar. Cuando nos enteramos, sentimos que el mundo se nos caía encima”, dijo.

En el caso de Frank, su madre, Lina del Campo, contó que su hijo fue enviado a misiones de combate con poco entrenamiento y sin el respaldo de artillería o de apoyo aéreo.
“Frank nos decía que estaba en una zona peligrosa, pero que tenía que resistir. Cuando su cuerpo fue identificado, nos quedamos sin palabras”, expresó.
Cifras que asustan
En 2024, el diario El Comercio y otros medios peruanos recogieron información de la Cancillería y de residentes peruanos en Ucrania que señala que, desde 2022, al menos cinco ciudadanos del Perú han muerto en combate y uno más se encuentra desaparecido en el frente.

Estos datos ponen en evidencia que la presencia de peruanos en Ucrania no es un fenómeno aislado, sino parte de un flujo de jóvenes que ven en el conflicto una oportunidad económica antes que una causa.
En paralelo, el Instituto Nacional de Estadística e Informática (INEI) de Perú reporta que, en el primer semestre de 2025, más de 900 000 peruanos salieron del país, lo que refleja un ritmo creciente de migración internacional.
En este contexto, los académicos en migraciones advierten que la combinación de pobreza, desempleo y falta de oportunidades abre la puerta a esquemas de reclutamiento en conflictos bélicos extranjeros, incluso cuando se presentan como “trabajos bien pagados”.
Mercenarios latinoamericanos en el frente
Medios como El Comercio y La República han señalado que Ucrania, en su necesidad de sostener la línea de frente, ha reclutado a soldados extranjeros, incluyendo peruanos, colombianos y otros latinoamericanos, para operaciones de alto riesgo.
Algunos analistas en relaciones internacionales describen esta práctica como el uso de “carne de cañón” latinoamericana, lanzada a ataques suicidas sin el entrenamiento ni el respaldo logístico suficiente.
En particular, se ha reportado que cientos de latinoamericanos se han enrolado en batallones ucranianos sin contratos claros, sin seguros médicos y sin garantías de repatriación en caso de muerte o desaparición.

Familias que exigen justicia
En Iquitos, la familia de Jair Ayachi Sánchez y la de Frank Luis Pinedo del Campo han pedido apoyo formal al Gobierno peruano para que sus cuerpos sean repatriados y se investigue cómo fueron contratados.
La Cancillería peruana ha confirmado la muerte de peruanos en Ucrania, pero el proceso de repatriación se mantiene lento y complejo por la condición de la zona de combate.
Organizaciones de derechos humanos y abogados en Perú han señalado que “debería existir un marco más claro para que los ciudadanos que decidan participar en conflictos extranjeros tengan acceso a información veraz, asesoría consular y protocolos de protección”.


