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Víctor Corcuera sobre Trujillo en guerra: «A pesar de que estamos desamparados por las autoridades, la gente sonríe»

Arqueólogo, guía de turismo y caminante, el trujillano radicado en Francia, visita su ciudad natal con el alma hecha jirones.

Víctor Corcuera critica a Trujillo porque la ama. Cuando aún vivía en la solariega ciudad, era una voz entrenada para señalar sus desafíos y limitaciones, aunque siempre reconocía que era un lugar vivible.

Ahora, tras fijar su residencia en Francia y volver cada año, encuentra a la capital de La Libertad transformada en un territorio de guerra. Sin embargo, aún distingue virtudes, sobre todo en su gente, que conserva aquello que Julio Cortázar definió como la vida misma defendiéndose: la esperanza.

—¿Cómo encuentras a la ciudad en este regreso, Víctor?
—Cuando uno vuelve a su ciudad, a su lugar de nacimiento, espera sentirse bien, porque están los recuerdos, tanto del paisaje visual, olfativo, la memoria; pero este año me da pena porque parece que las personas que toman las decisiones no quieren a la ciudad. La han destrozado, no solo el centro histórico, sino casi todo el distrito. Es un desmadre. La población está desamparada. Las vías no están destruidas por un fenómeno de El Niño, por lluvias; sino por corrupción.  No se ha empleado criterios técnicos y parece que las normas protegen a quienes toman estas decisiones. Por eso, la ciudad está desolada, es un campo minado. Vayas a donde vayas, hay una polvareda. Es un polvo tóxico porque la ciudad está sucia.

—Ese polvo agobia a todos.
—No tengo las estadísticas, pero es más que seguro que han aumentado las enfermedades respiratorias. A ello, súmale la quema de caña de azúcar, la quema de basura, el parque automotor. Ves comercios por todos lados. No hay un orden territorial, con zonas para comercio, otra residencial, una zona para distraerse, no hay áreas naturales. Antes de que me vaya, yo me sentía bien en la ciudad. Me sentía como en mi casa. Ahora, ya no la siento mía.

Parece que las personas que toman las decisiones no quieren a la ciudad. La han destrozado, no solo el centro histórico, sino casi todo el distrito. Es un desmadre. La población está desamparada.

—¿Podría ser que, más que la ciudad, quién cambió eres tú?
—No, para nada, porque yo siempre he sido crítico. Antes criticaba constructivamente a las autoridades. No he necesitado salir para criticar. He regresado y la ciudad la siento peor. Podría ser, como dices, que vivir en otra realidad te hace mirar tu entorno de otro modo, pero yo siempre he querido a mi ciudad. Y cuando la quieres, no la olvidas. Es normal que una ciudad cambie, evolucione, pero debía ser para bien.

—Hagamos un ejercicio desmesurado, Víctor. ¿Hay algo bueno en Trujillo?
—Sí. Algunas casas de centro histórico —que fueron destruidas— al menos han respetado la fachada y mantienen esa armonía arquitectónica. Por ejemplo, frente al Club Central había un balconcito del siglo XIX que se caía. Lo han reemplazado, con las mismas dimensiones, de madera, mantiene la armonía. Quienes estamos en la conservación del patrimonio, damos nuestra aprobación.

—¿Qué otro aspecto positivo destacas?
—Hay un movimiento artístico-cultural. Los artistas siguen dándole ese espíritu, esa esperanza de que nuestra ciudad puede ser mejor. Aún hay producción artística  a pesar de las condiciones adversas. Y no me refiero solo a la producción bonita para los ojos, sino de diferentes géneros: poesía, pintura, danza, teatro. El arte, desde los inicios de la humanidad, nos ha hecho lo que somos. Entonces, mientras haya una producción artística, en la ciudad, hay esperanza.

Víctor Corcuera

—Los artistas luchando en una ciudad superviolenta.
—Otro aspecto que es esperanzador es el espíritu de la gente. A pesar de que estamos desamparados por las autoridades, la gente sonríe. Y mientras la gente sonría hay la esperanza de decir «basta». La gente intercambia ideas, la gente conversa, en fin, todavía existe esa vitalidad. Porque si algún día encontramos a la población apática, que perdió toda la esperanza, eso será el fin.

—Estamos llegando a un estado en el que creemos que la violencia es normal. Las bombas explosionan y no pasa nada.
—Es inconcebible ver que a nuestra ciudad la dinamitan a cada rato, que vives en un estado de guerra. No sabes que puede estar en el lugar equivocado, que tú o tu familia serán afectados. No es posible, hermano, que salga en la prensa y mañana otra bomba y, luego, otra bomba. Es inaudito. No sé cómo los que toman decisiones lo dejan pasar. ¿Qué están esperando? Que les toque a ellos para que recién actúen. La gente que toma las decisiones no vive acá, por eso dejan a la población que se las vea sola.

Una semilla moche

—Cambiando de tema, dictaste un taller para el rescate del pallar andino. Cuéntanos la experiencias.
—Todo lo que uno expresa a través del arte o de nuestra profesión, se basa en nuestras experiencias. Cuando yo tenía 7 o 8 años fue la primera vez que vi la representación en un facsímil de un pallar moche, una lámina que había utilizado mi abuelo, él era docente. Y me sorprendió porque nunca ese pallar lo había visto en el mercado. Se me quedó en la mente. Años después, en el museo de arqueología, que quedaba en Pizarro, Enrique Vergara que era el director, tenía unos ejemplares en una vitrina. Me pareció extraordinario. Con el tiempo, empecé a estudiar Arqueología y recuerdo a mi profesora Rosales Tham que nos enseñó el curso de Arqueobotánica y es gracias al conocimiento adquirido que me dije «a ese tipo de leguminosas hay que rescatarlas». Y la manera más sencilla de rescatar un legado biocultural que nos ha dejado nuestros ancestros  —hace, al menos, 7000 años lo están consumiendo— era que cada persona pudiera cultivarlo en su casa. ¿Cómo? Bueno, en esa época yo era director de Rutas Nómadas, un proyecto de caminatas, de interpretación del patrimonio, y a los caminantes que venían a nuestras rutas les dábamos un pallar con la condición de que lo siembren. Y es así que, desde el 2012, se comenzó a formar la red del pallar.

Leer más: ¿Cómo cultivar un legado de 7 000 años?: taller gratuito enseñará a sembrar el pallar Moche en casa

—Publicaste una guía muy didáctica.
—Gracias a los estudios que iba adquiriendo en la universidad, se publicó la primera guía del cultivo urbano del pallar moche, en la revista Pueblo Continente de la UPAO. Ahí están todas las etapas, o sea, más fácil imposible. Está, también, el aspecto arqueológico, los orígenes, la domesticación, en fin. Al Perú lo tengo siempre presente, entonces me dije, «para este año 2026 tenemos que lanzar una vez más un taller». Es así que gracias a mi mamá, quien durante todo este año cultivó un pallarcito moche —cosechó 5 kilos de una sola planta—, y a la Fundación Cultural del Banco de la Nación se organizó el taller, que fue un éxito total.

Otro aspecto que es esperanzador es el espíritu de la gente. A pesar de que estamos desamparados por las autoridades, la gente sonríe. Y mientras la gente sonría hay la esperanza de decir «basta»

—La participación fue numerosa.
—Hubo más de 80 personas. Fue un momento de encuentro, también, con mis colegas, amistades, tanto de cultura, de turismo, de arqueología. A todos se les dio su pallarcito para que lo siembren en casa. Es una manera de compartir, porque una vez que lo cosechen, van a darles a otros y, de esa manera, tan sencilla, se va a poder rescatar esta semilla ancestral.

—¿Es fácil cultivar un pallar en casa?
—Claro, en una maceta. Es un cultivo urbano. Si no tienes una chacra, no es un problema. En una maceta y un lugar donde le dé luz es suficiente. No hay nada más satisfactorio que consumir lo que tú estás produciendo.

Arte rupestre

—Hablemos de otra de tus pasiones. Este miércoles en la Alianza Francesa, ¿qué actividad vas a desarrollar?
—El miércoles 11 (de febrero) a las siete de la noche en la Alianza Francesa dictaremos la conferencia «Centro internacional de arte rupestre Lascaux 4». Yo trabajo en Francia, en ese lugar, soy el mediador cultural, dirijo las visitas. Lo que voy a hablar es el aspecto paleoambiental, una vista general cuando sapiens sale de África, y cambiar ese chip acerca del hombre prehistórico, de que era un salvaje, un bruto, un insensible. Vamos a hablar acerca del valor arqueológico de estas pinturas, de esas representaciones, de las técnicas y, de una manera básica, las probables interpretaciones de lo que están representando.

—Volvamos al patrimonio de Trujillo. ¿Cuánto ha cambiado el aspecto arqueológico en Trujillo? Luego de que te fuiste, desaparecieron a la Máquina de Arcilla, Chan Chan sigue con los problemas de siempre, la huaca de La Luna está paralizada.
—Las personas que han estado o aún están en la cabeza de la dirección de cultura, les falta energía, fuerza. Si tú crees que no tienes las herramientas para una buena gestión o si crees que el sistema va estar en contra de lo que tú quieres: renuncia. No es posible que a nuestro patrimonio arqueológico se le trate como cualquier cosa; que le metan ‘Caterpillar’ y  que digan: «No, es que hay muchos sitios arqueológicos» y  no pasa nada. Eso es inconcebible. Cuando yo estaba acá era un guardián de las huacas. Me iba a caminar por diferentes partes del valle y donde encontraba un problema, lo comunicaba. Hacia el trabajo del ex-INC. Ellos siempre se han excusado de que no tienen presupuesto, pero es falta de gestión.

—Falta mística y gestión.
—Exacto. Si tuvieran una buena visión de proteger el patrimonio y de vincular a la población, la cosa sería diferente. Porque hay presupuesto, pero no se le usa de manera inteligente. Me enteré de que el proyecto Huacas de Sol y la Luna tiene problemas. Cuando estaba Ricardo Morales en la dirección, la cosa iba mejor, sabíamos que él tenía gestión. Si no hay recursos del Estado, tú gestionas con la empresa privada y mantienes el monumento. El monumento es memoria.

—Hablas de las huacas conocidas, ¿y las otras?
—¿Y las otras huacas? Las huacas que no aparecen en la televisión, en la publicidad. Acá en el valle Moche hay huacas por todos lados. Este es un potencial para que la gente pueda identificarse y diga: «Mis orígenes tienen, al menos, más de 1000 años. No soy alguien nuevo». Esto es importante para subir la moral de las personas. La falta de autoestima te hace pensar que afuera todo está mejor, y no es así.  Vayas a donde vayas en el valle de Moche vas a encontrar patrimonio arqueológico.

—Ardua labor para todos.
—Es necesario que las autoridades que están en la dirección de cultura, por ejemplo, sean más enérgicas. Que sea hagan respetar en la historia, porque la historia los va a juzgar. Y aquel que diga que «no hubo presupuesto», «que hay muchas huacas», nuestros descendientes se van a burlar de ellos.

Victor Corcuera: gastronomía es puro orgullo

César Clavijo Arraiza
César Clavijo Arraiza
Nació en un desierto frente al mar, donde solo crecen árboles de algarrobos. Dice que le gustan todas las frutas, pero en los últimos meses se ha decantado por el pepino, de origen andino; pero con una mala fama: se cree que si se consume después de beber licor puede causar la muerte. Periodista, escritor, docente, padre y esposo. Es torpe con la pelota, pero ama jugar fútbol. En el 2018 publicó "Tercera persona"; en el 2023, "No todo se queda en la cancha". Terminó un doctorado en comunicaciones.