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Muerte en Hidrandina: ¿un acto individual o un síntoma colectivo? Trujillo está enferma de violencia

Un caso de sicopatía o el reflejo de una ciudad donde la agresión se ha normalizado y ha socavando los pilares de la convivencia.

El hombre es un campo de batalla, dice Nietzsche.

Y muchas veces, pierde.

La condición humana es un torbellino de deseos, valores, moral, pasiones, frustraciones, triunfos; fuerzas colisionando entre sí. El hombre no es un victorioso continuo, sino un luchador constante. Un derrotado frecuente.

Juan Scaliter señala que la consciencia no manda en esta punga, apenas la administra  y, veces, con torpeza.

El hombre no es una cosa hecha, sino una transformación constante. Durante toda su vida, libra una reyerta interna entre el bien y el mal, entre lo que se debe hacer y lo que queremos ser. De vez en cuando, esa lucha no resiste el cuerpo y se proyecta hacia el exterior.  

Lo aterrador aparece en el instante en que esa manifestación es con pistola en mano, como lo ocurrido el viernes 30 de enero en las oficinas de Hidrandina, la empresa que ofrece el servicio eléctrico en Trujillo.

El hombre no es una cosa hecha, sino una transformación constante. Durante toda su vida, libra una reyerta interna entre el bien y el mal, entre lo que se debe hacer y lo que queremos ser. De vez en cuando, esa lucha no resiste el cuerpo y se proyecta hacia el exterior

Como si no nos bastaran los asesinatos vinculados a la minería ilegal, las bandas extorsivas y los políticos, esta vez, un padre de familia, militar en condición de retiro, disparó contra sus excompañeros en sus propias oficinas. Luego, según la Policía Nacional del Perú, se quitó la vida.

Las motivaciones y circunstancias de la tragedia son objeto de investigación por las autoridades. Sin embargo, las primeras informaciones apuntan a una reacción desmedida por un despido laboral.

De acuerdo a la escala de maldad elaborada por el doctor Michael Stone, siquiatra  forense de la Universidad de Columbia, el criminal de Hidrandina es un asesino impulsivo de nivel 9: «Personas que no presentan una sicopatía, pero viven con una rabia subyacente. Matan por un suceso que desencadena esa rabia».

Facebook.

Una fuente le contó a BuenaPepa que el autor de los disparos ocupaba el puesto de supervisor de seguridad desde hace más de seis años, permanencia inusual, porque sus antecesores en ese cargo apenas llegan a los 24 meses.

«Es un puesto fusible», calificó la fuente. Son empleos repletos de grandes responsabilidades y donde se reciben muchas presiones. A ello, se debe considerar el rigor con el que la actual alta dirección de Hidrandina ha tomado decisiones en los últimos meses. Una de ellas, los despidos.

Montesquieu apuntó que cuando un empleado cualificado es echado, no solo pierde ingresos económicos, sino dignidad, propósito, su lugar en la sociedad. Empieza, la batalla que pintaba Nietzsche. Y es evidente que, la tarde de un viernes de verano del 2026, un hombre la perdió.

Trujillo es la culpable

Parafraseando al bolero: hola, criminalidad. No me extraña tu presencia. Casi siempre estás conmigo. Te saluda un viejo amigo. Este encuentro es uno más.

Trujillo se mudó a un barrio donde es vecina de la violencia. Somos una ciudad víctima y victimaria porque la violencia es parte de la cotidianidad: es la ‘cosa’ nuestra de todos los días.

La normalización de la violencia es un proceso por el cual actos agresivos dejan de verse como situaciones anormales. Se filtran en el día a día a través de las palabras, las pantallas y las costumbres, hasta pasar desapercibidos.

Montesquieu apuntó que cuando un empleado cualificado es echado, no solo pierde ingresos económicos, sino dignidad, propósito, su lugar en la sociedad. Empieza, la batalla que pintaba Nietzsche. Y es evidente que, la tarde de un viernes de verano del 2026, un hombre la perdió.

En su concepto de la violencia simbólica, el sociólogo Pierre Bourdieu explica que las agresiones están tan arraigadas que ni siquiera las percibimos como tal. Se naturaliza el daño hacia nuestros semejantes. El mayor peligro no está en la maldad extraordinaria, sino en la capacidad humana de acostumbrarse a ella.

La violencia nos está curtiendo en toda La Libertad. Matan a una regidora, disparan contra un grupo de niños, secuestran a madres de familia, asesinan a jóvenes saliendo de gimnasio, masacran a mineros, mutilan a padres; y no pasa nada. Apenas nos hacen cosquillas las bombas en casas y discotecas.

La normalización de la violencia socava los cimientos de la convivencia social: respeto, empatía y tolerancia.

Otra consecuencia es que, también, invita a su réplica. Es un peligroso y salvaje paso a la acción, el egoísta y violento «estado de naturaleza», que describe Hobbes.

La Teoría del Aprendizaje Social de Albert Bandura demuestra que la violencia se puede aprender por observación e imitación de modelos, en especial, cuando estos actúan con impunidad o son percibidos como legítimos.

¿Es un lobo solitario?

«La palabra violencia es engañosa: suele pensarse como un estallido, un exabrupto: palos que se quiebran, fuego que traga», plantea el argentino Martín Caparrós.

La violencia en Trujillo es un avance de las periferias hacia el centro.  Es más propia de extorsionadores, de sicarios. Empero, lo ocurrido en Hidrandina es una interpelación a esa noción. El acto cruel fue protagonizado por un padre de familia, el hijo de un exalcalde, un militar que juró defender al Perú: su territorio, sus ciudadanos.

Esa conducta, ¿es un caso aislado de violencia impulsiva o es la manifestación de un patrón de la ciudad que produce y exporta criminalidad? ¿Es un lobo solitario o el miembro de una manada que bebe y come violencia?

John Kekes estudió al mal como un fenómeno multifacético que combina motivaciones sicológicas, condiciones sociales y elecciones individuales.

Es imposible desligar este acto con la espiral de criminalidad que vive la ciudad. La agresión engendra nueva agresión. Factores internos, sí; pero el ambiente condiciona las decisiones. «Hay poca gente buena, por eso hay muchas balas», canta Residente.

Platón plantea que nadie hace el mal voluntariamente, sino por desconocimiento del bien. Es tanta la barbarie que se está desvaneciendo la noción de lo bueno, de la virtud.

El caudal de violencia en Trujillo inocula en sus ciudadanos una idea de realidad donde el contrato social, ese que nos obliga a respetar la ley, poco o nada sirve.

Empero, lo ocurrido en Hidrandina es una interpelación a esa noción. El acto cruel fue protagonizado por un padre de familia, el hijo de un exalcalde, un militar que juró defender al Perú: su territorio, sus ciudadanos.

Qué hacer, entonces. Novak Djokovic, quien, este domingo 1 de febrero del 2026, buscará su 25 Grand Slam —torneo más importantes del tenis mundial— tiene algo que decir:

«Probablemente, tengo más pensamientos negativos que positivos. Mi entrenamiento, mi habilidad es no permanecer en ese estado y en esa emoción durante mucho tiempo. ¿Cómo se logra? Practicando. El cerebro es un músculo, hay que entrenarlo para salir de los pensamientos negativos pronto».

Al igual que un atleta que entrena su mente para alcanzar la gloria, una sociedad debe ejercitar  de manera colectiva el rechazo a la violencia.

Una ciudad son sus personas. La violencia se materializa en ellas, en sus actos, en sus modos de relacionarse y de construir la realidad. Hay que llevar de manera consciente al campo de batalla que somos, la orden de luchar con inteligencia contra los efectos de la criminalidad nuestra de todos los días.  

«Ignorar el mal es convertirse en cómplice de él», pronunció el luchador Martin Luther King. Hay que entrenar a nuestro cuerpo y espíritu para que se impongan en ese combate. Ese combate que es solitario y casi siempre se libra en el borde. «Lo terrible es el borde, no el abismo». En el borde hay un ángel de luz del lado izquierdo, un largo rio oscuro del derecho», versa Piedad Bonnett

César Clavijo Arraiza
César Clavijo Arraiza
Nació en un desierto frente al mar, donde solo crecen árboles de algarrobos. Dice que le gustan todas las frutas, pero en los últimos meses se ha decantado por el pepino, de origen andino; pero con una mala fama: se cree que si se consume después de beber licor puede causar la muerte. Periodista, escritor, docente, padre y esposo. Es torpe con la pelota, pero ama jugar fútbol. En el 2018 publicó "Tercera persona"; en el 2023, "No todo se queda en la cancha". Terminó un doctorado en comunicaciones.