La violencia volvió a cruzarse con el fútbol en Ecuador y dejó una herida abierta que aún no cierra. A 24 horas del asesinato del futbolista Mario Pineida, ocurrido en Guayaquil, las investigaciones avanzan lentamente mientras se confirman nuevos elementos que permiten reconstruir cómo se habría ejecutado el crimen y quiénes estarían detrás del ataque que terminó con su vida.
Pineida, conocido no solo por su trayectoria deportiva sino también por su cercanía con su barrio y su familia, fue atacado a balazos cuando se encontraba afuera de una carnicería en Samanes 4, en el norte de Guayaquil.

Mario Pineida y mujer peruana son víctimas de sicarios
El futbolista llegó al local en el sector de Sauces 6 la tarde del miércoles 17. Lo acompañaban su madre, quien también recibió un disparo pero se encuentra fuera de peligro, y una mujer de nacionalidad peruana que falleció producto de los disparos.

El atentado quedó grabado en las cámaras de videovigilancia. A las 15:51 p.m., uno de los sicarios se acercó al jugador del Barcelona y le disparó a quemarropa. Un segundo sicario atacó a la mujer que se encontraba a un costado del local comercial. Ambos se dieron a la fuga.
El ataque armado se perpetró delante de un trabajador del local. La fémina que perdió la vida fue identificada como Guisella Fernández Ramírez, de 39 años, según el parte policial que publicó El Comercio de Ecuador.

La Policía ecuatoriana encontró una moto abandonada en la zona de Las Orquídeas. Se investiga si es el vehículo en el que huyeron los sicarios tras el crimen.
«Estamos en esa línea investigativa, hemos levantado algunos indicios y estamos en procedimientos”, dijo Pablo Dávila, comandante de la Policía Nacional.
Al momento del ataque, Mario Pineida vestía zapatos blancos deportivos y una bermuda blanca. Llevaba un polo azul marino y una gorra del mismo color. Guisella Fernández, la peruana que lo acompañaba, llevaba puesto un vestido negro y zapatos de color oscuro.

Crimen de Mario Pineida: Policía descarta robo
Las primeras diligencias descartaron el robo como móvil del crimen. El vehículo no fue sustraído, las pertenencias permanecían intactas y la violencia empleada evidenció que el objetivo era claro. Para la Policía ecuatoriana, se trató de un ataque selectivo, ejecutado con precisión y en pocos segundos, una modalidad que se repite en otros hechos vinculados al sicariato urbano.
En las últimas horas, las autoridades confirmaron la detención de un sospechoso presuntamente implicado en el asesinato. Se trata de un individuo que estaría vinculado a la logística del ataque, aunque no se ha precisado aún si fue quien disparó o si cumplió funciones de apoyo. La Fiscalía continúa con las diligencias para determinar su grado de responsabilidad y no descarta nuevas detenciones.

Desde la Policía Nacional de Ecuador se informó que el crimen habría sido coordinado con anticipación. El análisis de los videos, el rastreo de comunicaciones y la identificación de la motocicleta utilizada forman parte de la investigación en curso. Sin embargo, los sicarios que ejecutaron directamente el ataque aún no han sido capturados, lo que mantiene la tensión y el reclamo de justicia por parte de familiares, amigos y el entorno deportivo.

El caso también generó pronunciamientos públicos. El alcalde de Guadalupe, ciudad vinculada al entorno familiar del futbolista, rechazó cualquier intento de relacionarlo con el crimen y anunció acciones legales ante versiones que circularon en redes sociales. Desde el club y el fútbol ecuatoriano, las muestras de solidaridad se multiplicaron, acompañadas de un pedido firme para que el asesinato no quede impune.
La muerte de Mario Pineida no solo enluta al deporte, sino que vuelve a poner en evidencia el clima de inseguridad que golpea a Ecuador y la vulnerabilidad incluso de figuras públicas frente al crimen organizado. Mientras las investigaciones continúan, la pregunta persiste en las calles y en las canchas: ¿quién ordenó el ataque y por qué?
Por ahora, hay un detenido, múltiples hipótesis abiertas y una familia que espera respuestas. El balón sigue rodando, pero el silencio que dejó este crimen aún pesa.



