Guillermo del Toro luchó contra corriente durante muchos años para traernos esta versión profundamente fiel al espíritu del libro, y vaya que valió la espera.
Frankenstein (Guillermo del Toro, 2025) presenta la historia de Victor Frankenstein: su obsesión por vencer a la muerte, y cómo su orgullo y egoísmo lo cegaron, aunque a la vez impulsaron su deseo de alcanzar aquello que tanto anhelaba.
Esta versión se enriquece al mostrar también la perspectiva de la criatura, a quien, debido a su deformidad física, el mundo ve como un ser maligno.
Nadie se detiene a percibir su verdadera esencia: una bondad innata y una mirada pura, simple y profundamente humana sobre un mundo corrompido por la maldad de las personas.
‘Frankenstein’ (Guillermo del Toro, 2025) presenta la historia de Victor Frankenstein: su obsesión por vencer a la muerte, y cómo su orgullo y egoísmo lo cegaron, aunque a la vez impulsaron su deseo de alcanzar aquello que tanto anhelaba.
Los personajes están magníficamente desarrollados. Oscar Isaac interpreta a un científico marcado desde la infancia por las limitaciones del cuerpo, las enfermedades, los maltratos de su padre y la muerte de su madre. Busca refugio en la ciencia, desafiando todo lo establecido.
Su conocimiento supera a la naturaleza misma, pero al alcanzar su objetivo es incapaz de lidiar con su creación y pretende destruir a su propio “hijo”.
Sin darse cuenta, se convierte en una versión aún más extrema de aquello que tanto odiaba de su padre. Escuchamos, al inicio, solo su versión de la historia.

Jacob Elordi, en el papel de la criatura, nos ofrece un ser enorme y deforme, pero también inocente, tierno y torpe.
Busca comprender el mundo, un mundo que —por la crueldad humana— lo rechaza y ataca sin motivo que él pueda entender. El temor de las personas los impulsa a dañarlo, sin detenerse a percibir la bondad que habita en él.
Esa belleza interior es reconocida únicamente por Elizabeth (Mia Goth), quien cumple un papel crucial y profundamente humano. Su tío Heinrich (Christoph Waltz) añade otro matiz: cada uno aporta, desde sus intereses particulares. Mientras Elizabeth encarna la compasión, el amor y la búsqueda de vencer a la enfermedad para trascender.
Toda esta historia nos sumerge en un debate casi filosófico entre el bien y el mal, la obsesión y la bondad, la humanidad y lo que verdaderamente deberíamos ser como personas y como sociedad.

Otro aspecto notable es el maquillaje, la dirección de arte y la fotografía, que convierten este filme en una experiencia única y envolvente. Aunque guarda ecos de otras adaptaciones del libro, presenta un enfoque tan propio que la convierte en un fenómeno dentro del catálogo de Netflix.
Lo más destacable es que, aun tratándose de una historia tantas veces contada, Del Toro la reinventa como un drama profundamente humano desde estas dos miradas opuestas, surgidas de un lugar inhóspito donde la vida parece carecer de sentido.
La narración funciona casi como un cuento macabro que nos permite entender los polos entre los cuales el ser humano debe elegir para ser una buena persona.
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La versión de Guillermo del Toro es impactante, cercana y, sobre todo, conmovedora. Ese tipo de historias que buscan hacernos sentir cómo el corazón se encoge ante un mundo cruel es, quizá, la emoción más auténtica que una película puede transmitir.
Lo más destacable es que, aun tratándose de una historia tantas veces contada, Del Toro la reinventa como un drama profundamente humano desde estas dos miradas opuestas, surgidas de un lugar inhóspito donde la vida parece carecer de sentido.
Ojalá se produzcan más relatos como este y que, con el paso de los años, Frankenstein logre transformarse en un nuevo clásico del cine, algo que venimos extrañando desde hace demasiado tiempo.


