La primavera llegó antes de lo esperado. El Servicio Nacional de Meteorología e Hidrografía (Senamhi) confirmó que este año la estación comenzó antes del 23 de setiembre y Trujillo lo recibió con un sol que se abrió paso entre la garúa costera.
Esta es una época de tránsito: dejamos atrás el letargo del invierno para encaminarnos al verano. En parques y calles, el aire cambia de textura y la ciudad se prepara para su fiesta mayor: el Festival Internacional de la Primavera.
Pero más allá del calendario, la estación se reconoce en los detalles. Son las flores las que anuncian la vida renovada, ocupando balcones, patios y jardines. Aquí, cinco flores que marcan la estación y el espíritu de Trujillo
1. Cucarda
Originaria de Asia tropical, llegó al Perú en época colonial y hoy es una de las flores más comunes en los jardines trujillanos. Su nombre deriva del latín hibiscus, que a su vez viene del griego híbiskos, usado por Dioscórides para nombrar plantas similares al malvavisco.
De grandes pétalos rojos, amarillos o rosados, la cucarda se asocia con la resistencia: sus flores duran apenas un día, pero el arbusto nunca deja de producir nuevas. Es también una flor popular en la medicina tradicional peruana, usada como infusión contra la tos o la hipertensión.


José María Arguedas, al describir patios serranos llenos de flores, hablaba de la vida como un jardín que se abre pese a las adversidades. En Trujillo, la cucarda simboliza el arraigo, en barrios tradicionales como La Esperanza o El Porvenir, muchas casas lucen estas flores en sus entradas, para recordar que la ciudad, más allá de la inseguridad o los cambios sociales, sigue floreciendo.
2. Anturio
Proveniente de América tropical, el anturio destaca por su espata roja brillante y su espádice en forma de lanza. Su nombre combina los vocablos griegos anthos (flor) y oura (cola). En la tradición ornamental, se asocia con la hospitalidad y el amor dura redor, en su parte por su longevidad: un tallo cortado puede durar semanas.

En Trujillo suele hallarse en interiores, patios sombreados y arreglos ornamentales. Su cultivo requiere cuidado constante, pues no soporta descuidos, pero a cambio regala flores de gran duración.
En el lenguaje de las flores, el anturio significa hospitalidad, felicidad y abundancia. “Los rincones de una casa guardan mundos íntimos” decía Gaston Bachelard en La poética del espacio. El anturio floreciendo en un rincón es metáfora de ese latido discreto, un recordatorio de que lo bello también habita en lo privado.
3. Geranio
El geranio, originario de Sudáfrica, llegó a Europa en el siglo XVII y después a América. Su nombre viene del griego geranos (grullas), por la forma alargada de su fruto. Es resistente al sol, florece casi todo el año y tiene propiedades medicinales gracias a sus aceites esenciales antibacterianos.

En Trujillo es la flor por excelencia del balcón colonial. Sus racimos, que van del rojo intenso al rosado delicado, contrastan con las paredes de adobe y balcones de madera. Pertenece al género Pelargonium y es conocido por su aroma intenso. Su rusticidad lo convierte en un emblema de lo cotidiano.
Simboliza la constancia alegre: siempre florece, aunque el entorno se deteriore. Es la flor de la paciencia, la que acompaña el día a día de las familias. Ver un geranio en Trujillo es ver una ciudad que florece incluso en medio de fachadas antiguas y desgastadas.
4. Capuchina
Nativa de los Andes de Perú y Bolivia, la capuchina se caracteriza por sus pétalos anaranjados y su forma de capucha, de donde viene su nombre del latín cappa (capa). Además de ornamental, es comestible, sus hojas y flores se usan en ensaladas, y tiene propiedades antibióticas naturales.

Su significado está ligado a la sencillez y la espontaneidad. La capuchina no busca imponerse; se expande con libertad, cubriendo muros y jardines con una alegría desordenada. En Trujillo, recuerda a los patios escolares donde florece sin necesidad de cuidados extremos.
Eguren, en Simbólicas, concebía las flores como juegos luminosos que dialogan con la infancia y el ensueño. La capuchina, en su expansión colorida, encarna lo festivo y lo efímero. Sociológicamente, se asemeja a lo que Bauman llamaría “vida líquida”: siempre cambiante, siempre en movimiento.
5. Girasol
Originario de América del Norte, el girasol recibe su nombre del griego helios (sol) y anthos (flor). Es célebre por su heliotropismo: sigue el movimiento del sol en el día. Tiene gran importancia agrícola, pues de sus semillas se obtiene aceite, harina y alimento.
En la campiña de Moche y alrededores, el girasol se cultiva como parte del paisaje agrícola y también como flor de jardín. Su tallo puede superar los dos metros y su inflorescencia gira hacia el sol hasta que alcanza la madurez, cuando fija su orientación.

El girasol es un símbolo artístico y literario universal. Van Gogh lo inmortalizó en sus célebres cuadros de Los Girasoles, mientras que Pablo Neruda, en su Oda a unas flores amarillas, asoció las flores amarillas con la esperanza y la persistencia.
En una ciudad como Trujillo, golpeada por problemas de inseguridad, el girasol es metáfora de la resistencia: mirar siempre hacia adelante, incluso en días oscuros.
El corso primaveral
Toda esta simbología será visible el 28 de setiembre en el Corso Primaveral, punto culminante del Festival Internacional de la Primavera. Carros alegóricos, reinas, comparsas y bandas desfilarán por las calles principales de Trujillo, llevando consigo flores emblemáticas.
Las cucardas, anturios, geranios, capuchinas y girasoles no serán solo ornamento, sino símbolos vivos de resistencia y alegría.
Escribe Yeremy Rimarachín Gonzales.


