Polibio, historiador griego, 200 años antes de Cristo señalaba que “el reino se pierde por la tiranía, la aristocracia por la oligarquía y la democracia por el poder desenfrenado y violento de las masas”, al que denominó Oclocracia, entendida como una degeneración de la democracia.
En su planteamiento, la oclocracia se instala en una nación cuando las decisiones no las toma el pueblo sino la muchedumbre (en la actualidad pueblo serían los ciudadanos y muchedumbre una multitud de personas).

Oclocracia: por qué es un daño para el Perú
Para Polibio la muchedumbre es manipulada por algunos actores, decide sin información suficiente lo que cree que le conviene. Traducido al lenguaje contemporáneo, sería algo así como «el gobierno de la gente de la calle, o sea, un régimen en el cual se constata el debilitamiento del liderazgo político, teniendo estos que recoger las sugerencias de la muchedumbre para mantenerse en el poder” (Piñeiro, 2020).
Para Polibio, los regímenes oclocráticos no representan los intereses del pueblo, los oclócratas no buscan el bien común, sino que tratan de mantener el poder a través de la legitimidad obtenida por medio de la manipulación de los sectores más ignorantes de la sociedad.

La oclocracia, en este orden de ideas, es consecuencia de la demagogia, y fruto de las emociones irracionales con las que el gobernante trata de incidir en las decisiones de los ciudadanos. «La oclocracia se nutre de los prejuicios, de las ilusiones, y reivindicaciones» (Beltri, 2018).
Esta deformación de la democracia, descrita en los párrafos anteriores, es un fenómeno político y social que ha invadido la cultura occidental, y de manera más palpable, la realidad política de nuestro país.

Nuestra clase política no dirige el país sobre la base de propuestas centrales o fundamentales serias, cuya visión y misión sean realmente procurar el desarrollo, acortando las brechas de desigualdad y generando mayores oportunidades, abriendo espacios para el desenvolvimiento de nuestra sociedad y sus integrantes. Solo se dedican a acomodar sus propuestas al vaivén de las opiniones ciudadanas sobre cualquier tema, como si de un «focus group» se tratara.

Pero, además, estas opiniones son sustentadas en la desinformación que se transmite por los distintos medios de comunicación, conforme a distintos intereses, fanatismos o adoctrinamiento, más nunca con la finalidad de informar correctamente a la ciudadanía. Lo cual, convierte esta interrelación, esta retroalimentación, en un círculo vicioso nefasto para el buen gobierno de una nación
Esto por supuesto es un gran problema para la dirección política de un país y el gobierno responsable al cual deberíamos estar sujetos. Depender del estado de ánimos de diferentes grupos para acomodar un discurso político y las acciones que un gobierno debe efectuar y ejecutar solo genera mayores contradicciones, enfrentamientos, caos y desorden, perjudicando aún más, como siempre, a los más necesitados.
Ejecutivo y Congreso: un ejemplo de oclocracia
El mejor ejemplo de lo mencionado hasta aquí se observa en nuestros actuales gobernantes, Poder Ejecutivo y Congreso, quienes actúan no con firmeza y determinación para solucionar sus problemas y los de la nación, sino, sobre sus propios intereses y guiados por el temor a la muchedumbre que solo consume desinformación. Así no se gobierna un país.

Ya lo dijo el gran pensador griego Isócrates en el año 350 a C.: «Nuestra democracia se autodestruye porque ha abusado del derecho a la igualdad y del derecho a la libertad, porque ha enseñado al ciudadano a considerar la impertinencia como un derecho, el no respeto de las leyes como libertad, la imprudencia en las palabras como igualdad y la anarquía como felicidad”.
Ni qué decir de la lista de candidatos que nos presentan los movimientos políticos que se presentas a tentar la suerte y ver cuántas curules obtienen para manejar cuotas de poder, dónde el único requisito para postular es tener la capacidad económica de solventar una campaña, sin importar el origen de los fondos, mucho menos la capacidad e idoneidad de los postulantes y sus propuestas.
La ausencia de partidos políticos serios y de raigambre popular, de una clase política seria y de convicción y la captura de los poderes del Estado, incluido el Poder Judicial y el Ministerio Público, por una horda de fariseos que venden su voz al mejor postor, ha ocasionado la explosión de una oclocracia que nos está llevando al abismo del averno.
Abogado constitucionalista
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