Un partido de bajas calificaciones. Una promesa y una decepción monumental. El mejor jugador, según la televisión, fue un defensa —Guillermo Enrique—, señal inequívoca de que el partido premió la destrucción antes que la creación.
Muy luchado, trabado, poco jugado. Mucha transpiración y poca inspiración.
La esperanza de un buen juego se justificaba por el presente de Alianza Lima en la Sudamericana y la experiencia de la U —se limpió la cara en Brasil— en la Libertadores. La decepción se agiganta porque la repartición de puntos a ninguno le sirve.
BuenaPepa sometió a un análisis riguroso y valorativo a todos los participantes del clásico del fútbol peruano.


